miércoles, 15 de julio de 2015

Y SONRÍE...

Y sonríe…


Santos Rejas Rodríguez


Los culturistas, y no me refiero, a expertos o aficionados a la cultura en sus múltiples aspectos literarios, pictóricos, musicales y demás, no; sino a quienes practican el fisioculturismo hasta la hipertrofia muscular, no precisan ventanales para observar el mundo exterior mientras practican su afición. Espejos que reflejen su espléndida musculatura en 3D les son suficientes… y necesarios.

Esa puede ser la razón por la que en los gimnasios las máquinas de ‘cardio’ suelan alinearse de cara a ventanales que mitiguen la soledad del corredor, pedaleador o incansable subidor de escaleras sin fin.

Aupado en una bicicleta he podido observar a menudo cómo, al otro lado del cristal, una mujer se encamina hacia la salida del gimnasio. La pierna derecha parece haberse independizado  del automatismo del andar y precisa la orden específica, cerebral, a cada paso. Porta un bastón en la mano izquierda, con seguridad para utilizarlo en caso de desobediencia extrema de la pierna rebelde. Es joven. Quizás ni en la cuarentena. Siempre, cuando se aproxima a la puerta de salida, se detiene. Espera la llegada de otra persona saliente. Habla. Y sale acompañada.

Hoy hemos coincidido a la salida y he sido el abordado: -Por favor ¿puedes acompañarme para salir? ¡Es que me da miedo que la puerta se cierre mientras paso!, añade, mientras presto atención, por primera vez,  a la puerta de apertura automática por sensor…

La acompaño hasta la calle y un trecho de camino coincidente. Su ritmo pausado propicia la conversación e impulsa mi curiosidad, escasa por lo general:  -‘Un accidente…hace dieciocho años…los dos primeros en coma…otros inmóvil total…hasta las intervenciones quirúrgicas…y la rehabilitación…y aquí estoy: ¡caracol en tierra y pez en el agua’!, me cuenta. Sin dramatismo. Y sonríe…



Durante el trayecto nos cruzamos con unos niños que juegan. Los mira y sonríe…Y a unas palomas que se disputan comida.Y sonríe... Mira hacia las copas de los árboles que van perdiendo el manto veraniego. Y sonríe…

En la despedida, al tenderme su mano para estrechar la mía, sus labios y sus ojos sonríen.


Tras caminar unos pasos que divergen de su camino me vuelvo para ver cómo se aleja con su bastón en la mano. La pequeña mochila a la espalda. La pierna indómita, doblegándose a duras penas. Y sonrío. Muy adentro…

miércoles, 8 de julio de 2015

GOZOS PROFUNDOS

Gozos… profundos


Santos Rejas Rodríguez



-¿Eres escritor? No giré la cabeza para mirar si la pregunta iba dirigida a alguien sentado tras de mí porque sabía que mi mesa era la última, la del rincón, con la cristalera guardándome la espalda. Además, hasta el instante anterior a la pregunta, estaba escribiendo. Así que miré con sorpresa, mal disimulada, a la persona que la había formulado.

 Mi mente intentó recopilar las veces que una mujer me abordaba fuera de acontecimientos sociales que, por lo general, consisten en preguntar: ¿eres el padre de…? Concluyendo que fueron muy escasas las ocasiones y esta la primera desde que trasmuté a la invisibilidad.

Como los cálculos alargaron el tiempo de reacción, la mujer añadió: -Perdona si he sido indiscreta… ¡Sí!, contesté…quiero decir, que sí escribo, e iniciamos un diálogo convencional que llegó al acuerdo de tomar una ronda compartida. En la barra, solicitando  las bebidas, pensé que conocer personas es refrescante y enriquecedor y que explorar, y ser explorado, conduce a descubrimientos novedosos revitalizantes. Además, si la mujer viste una blusa blanca, amplia, con encajes y transparencias que recuerdan la época hippy y unos pantalones  ajustados a sus piernas cruzadas, negros como una noche de luna nueva, y un rostro simpático enmarcado en un pelo pelirrojo cortado a lo garçon…




Intentando averiguar el color de sus ojos a través del espejo en que se reflejaba su imagen, sucedió. El dedo meñique de la mano derecha de la mujer se introdujo, como un berbiquí alocado, en su oído; y horadó y horadó como si estuviera ajustando un clavo sin fin en lo más profundo de su cerebro. Después, con parsimonia, el dedo pulgar de su mano izquierda investigó con dedicación el bajo teja del dedo que había oficiado de broca cromada y se frotó ambas manos como si estuvieran impregnadas de jabón o crema suavizante…

Los acontecimientos y charla que sucedieron hasta la despedida los tengo imprecisos. A intervalos, en flash, la visión del dedo prospector ocupaba mi mente. Martes y jueves, me dijo que acudía a esa cafetería, la que está en mi hoja de ruta cuando acudo a la revisión dental. Una vez al año.
Espero no olvidarlo porque cuando alguien tiene no solo afición sino que la ejercita con oficio de profesional, hay que respetarla. Y no inmiscuirse. ¡Martes y jueves! Martes y jueves…!

jueves, 25 de junio de 2015

Cuando no hay palabras

Cuando no hay palabras

Santos Rejas Rodríguez

O las palabras no se dejan encontrar, y las que se encuentran se materializan en sonidos que sabes inútiles, aunque intentas disimularlo tras la mascarilla con que disfrazas la boca y hace invisible el tembloroso tic de los labios.

Acudes con la predisposición de servir: ‘Con la vera a que me obliga el ser quien soy, ora remediando vuestra desgracia, si tiene remedio, ora ayudándoos a llorarla…’ por expresarlo en palabras de Cervantes puestas en boca de don Quijote…



 La mascarilla oculta la boca que, en torrentera, va desgranando palabras con la intención desesperada de taponar silencios o impedir interrogantes. Pero todo antifaz deja al descubierto los ojos. Y por ellos penetra la mirada, en sonda, del receptor de la inútil oratoria. Mirada en la que, sin necesidad de articular sonido alguno, pueden leerse también palabras de Cervantes: ‘sé que mi desventura tiene cerradas las puertas a todo género de consuelo…’ y al mismo tiempo que cincela la frase, mi mano recibe el abrazo de la suya y una ola cálida atraviesa el guante de látex abriéndose camino hasta lo hondo.

En la soledad del blanco pasillo de salida, los dedos –torpes- se demoran con paciencia infinita en destrenzar los nudos de la mascarilla que sigue cubriendo la boca, quizás para impedir que surja algún sollozo que tome el relevo de las palabras…


(Para C., que ya habrá impregnado de bondad el lugar  donde se encuentre)

domingo, 21 de junio de 2015

AMOR...y desasosiego

Amor…y desasosiego

Santos Rejas Rodríguez

Amor hallado, amor perdido ¿Cuál de ellos causa mayor desasosiego? Me refiero al amor que Ortega, don José, calificó de ‘estado de miseria mental’, el que pone orejeras a la vida, al entendimiento, para no dejar ver ni sentir nada más allá de Ella, de Él, porque es su principio y su fin.

El amor hallado es el que habita en el aquí y ahora, el que genera ansiedad incontrolable cuando el ser amado se aleja más allá de la zona de seguridad, o sea, del alcance de la mano. El que invade el alma de miedos ante la sola idea de abandono o pérdida, el que provoca ensueños de sonrisas indescriptibles y chispear de ojos que iluminan el caminar…

El amor perdido,  el que nunca morirá, es el que late para siempre en lo eterno; en el más allá inalcanzable para la mano y el suspiro o la lágrima; el que acongoja el alma, o como se llame eso que tanto duele en lo hondo y que ningún especialista ha encontrado su ubicación ni analgésico que lo calme. Es el amor del no retorno y que tantos deseos genera de seguir su camino; el que mantiene despierto hasta los amaneceres teñidos de añoranza y culpa…




De ellos, ¿cuál puede decir: ¡yo más! respondiendo a la pregunta inicial?

La vocecilla sabionda detiene mi análisis con un ¡qué felices quienes no gozan o padecen ni uno ni otro! Y con cierta maldad, quizás como castigo a su interrupción, contesto: Esos, si en sus interiores pastorea el anhelo de amor, puede que estén aún peor…


Y sin dar tiempo a réplica y murmurando para mí un: ‘vaya empiece de verano’, me adentro presuroso en unos grandes almacenes -el Corte Inglés, claro- para atemperar ansiedades…

miércoles, 17 de junio de 2015

A la americana...casi

A la americana…casi

Santos Rejas Rodríguez

Regresando desde ninguna parte a mi casa entretenía el tiempo de trayecto tomando unas notas en mi cuaderno. Al aproximarse el tren a una estación se quedó libre el asiento contiguo y, dado que el vagón iba prácticamente vacío, fui a depositar sobre él la mochila para escribir con mayor comodidad. En la acción, del bolígrafo que portaba en la mano, salió disparada la barra y el muelle, chocando ruidosamente contra el respaldo. La mujer que hacía unos instantes lo ocupaba y esperaba ante la puerta la llegada del metro a su estación, me miró: -Menos mal que ya te habías levantado, dije. –No hubiera pasado nada, como mucho una pequeña mancha de tinta, contestó con sonrisa de caramelo. –Pero se podía interpretar como agresión… en los tiempos que corren… repliqué. –Para nada, dijo ella, nunca se me hubiera ocurrido.

 Y las miradas de ambos quedaron enganchadas…



Y aquí el ‘casi’ del título: En América, o sea en USA, o al menos en NY, el hombre se hubiera bajado también en esa estación, o a la mujer se le hubieran cerrado las puertas sin darle tiempo a salir…U otra de las reacciones que hemos visto cuando suceden los fortuitos encuentros que allí se dan en grandes almacenes, librerías e incluso en un paso de peatones

Yo me quedé pasmado en mi asiento, recomponiendo las piezas del bolígrafo, mientras la mujer de sonrisa dulce  y mirada intensa, y también viceversa, se alejaba por el andén.

Llegado a mi estación, y mientras encaminaba mis pasos a la panadería, una vocecilla interior me decía: más vale que el encuentro vaya a nutrir el mundo del pudo ser, de ese donde quizás esté vagando el amor perdido, a que cristalizara en un desamor del mundo real…vocecilla de escasa convicción, claro.


jueves, 11 de junio de 2015

DE LA FIDELIDAD Y TAL...

DE LA FIDELIDAD Y TAL…

Santos Rejas Rodríguez

Pedaleaba yo al ritmo de los dos amantes dándose quejas, preguntándome si la queja provenía de ella, de él o era recíproca. Si el uno le reprochaba a la otra que le había olvidado sin haberse muerto y ella, a su vez, se lo recriminaba a él, o sea que ambos habían perdido la memoria de lo prometido ¿a qué el conflicto?
No quiero pensar, me añadí, que lo que verdaderamente se ventilaba era la muerte del otro, del que hubiera olvidado primero el querer sin haberse ido de este mundo de amores verdaderos.

No llegaba a ninguna conclusión satisfactoria pero, cuando me acercaba a la meta virtual que diariamente me propongo, el mecanismo mágico de la asociación de sucesos saltó la barrera protectora de las meninges y reprodujo la conversación escuchada la noche anterior, en la terraza donde me tomaba un zumo de naranja, mejorado con una generosa dosis de vodka, a tres jóvenes veinteañeros.




La chica informaba al grupo que una pareja amiga acababa de romper tras una relación de tres años. El chico más bajo, con cara de asombro, preguntó: ¿y eso? ‘Porque Isa conoció hace tiempo a un chico y se estaba viendo con él’. O sea, volvió a intervenir el bajo entre indignación y asombro: ¡¿Que le estaba poniendo los cuernos?!
¡¡Imposible!! Intervino el otro chico, el más fornido: ‘No puede ser’. Isa no puede llevar tiempo con otro. Cuando llevas tres años con una persona la conoces tanto y tan bien que Fino se hubiera dado cuenta al instante, el mismo día de ocurrir. Esas cosas no pueden disimularse…’

Se produjo un silencio espeso, de costoso masticar y difícil deglutir, hasta que la chica, mirando a ambos y esbozando una sonrisa indescifrable, musitó un ‘ya, ya’ nervioso, apurando su copa.

En contra de mi costumbre pedí otro vodka, Stoli en ausencia de Purity. Esta vez sin naranja, muy frío, casi helado…


lunes, 8 de junio de 2015

Dilema: Gorra o casco...

Gorra o casco…el dilema

Santos Rejas Rodríguez

A la hora de salir esta mañana muchas dudas: ¿gorrilla de visera o casco? Me dije que podía llevar ambos: la gorrilla puesta y el casco en la bolsa que siempre llevo en previsión de compra. Esto me obligaba, claro, a portar en la mano la bolsa en lugar de llevarla prendida a la cintura. Así que al final la gorrilla de visera a la cabeza y el casco en el perchero.


No podía evitar, ya en el autobús, ir diciéndome ¿y si me topo con una de esas obras en las que no dejan ni mirar si no llevas el casco puesto? De la duda metódica me sacó la conversación que mantenían los viajeros frente a mi asiento. Él luciendo un impecable desdentado de los años noventa. Ella la delgadez de la pasarela Embajadores.

 ‘Que sí tía, que se enrolla’ ‘Al Isidoro, el abuelo, le dio un permiso cuando cumplía una ruina en Carabanchel…’ ‘Y no volvió… que ya me lo has contado…’ contestó ella. ‘Porque estaba con el caballo, se cogió un ciego y no pudo…’ Pero cuando yo me curraba el tercer grado en los juzgados al pasar saludaba…y al Monchi y al Enrique les regaló unos pantalones vaqueros… ‘ ‘Que sí, tronco, que ya me lo has contado también muchas veces, pero ya verás como la Carmena esa no nos pone autobuses para la cunda, como tú dices, que la gente cuando pilla cambia, y si pilla mucho cambia mucho…y cuando el desdentado iba a responder, ella, mirándole de frente, dijo: ¿o no cambiamos nosotros cuando pillamos?

Y mientras se descojonaban de risa me calé firmemente la gorrilla de visera, me bajé del autobús y fuime en busca de la obra del día…opus dei, que la llaman algunos.


(A Gabriel, mi amigo, a tiro de piedra del disfrute de gorra y casco)

domingo, 31 de mayo de 2015

Porras...

Café con porras…

Santos Rejas Rodríguez

En una de las tres sillas vacías que rodean la mesa del café posé la bolsa de El Corte Inglés que contenía el pantalón verde desvaído –entre herbazal y follaje- que me acababa de comprar. ¿Porqué lo de las perforaciones? Me preguntaba. No del pantalón, claro, sino las de la bolsa; las que  desde hace un tiempo impiden reutilizarlas para contener  basura doméstica. Esos agujeros las han hecho inútiles para arrojar en ellas, por ejemplo, cáscaras de naranja. Por bien exprimidas que estén siempre soltarán un zumillo que se colaría  hasta el hondón del cubo…y no digo nada de la lata de mejillones, que hagas lo que hagas, pringa.

A punto estaba, creo, de hallar una hipótesis pertinente para resolver la incógnita cuando una voz, rotunda, procedente de una mesa próxima, me desmadejó: -¡Porras, no! ¿¡Quieres que me ponga como la Chelo!? ¿Cómo un botijo? Para ordenar sin pausa: ¡Mollete de jamón con tomate y aceite virgen! ¡Déjate de fritangas…!



Con cierta precaución, algo intimidado, miré disimuladamente  hacia el lugar de procedencia de la voz sargentona, quedando intimidado del todo. Me es difícil describir con detalle a la propietaria de la voz ya que mi mirada de soslayo retornó automáticamente a la bolsa de El Corte Inglés donde se quedó fija, sin pestañeos apreciables. Puedo decir, eso sí, que se trataba de una mujer  guapa, rubia natural y de ojos de azul intensamente oscuros, a juego de contraste con mi pantalón verde desvaído. Espléndida mujer, en definitiva. Y exuberante, muy exuberante. Tanto que ocupaba todo el lateral, y más, de la mesa que ocupaba, y sobre la que el camarero depositó, instantes después, su mollete, doble, de jamón con tomate y aceite…virgen.

A la par que mi mente se encaminaba al punto del infinito donde convergen dos de mis líneas paraleles, me preguntaba ¿Y cómo será la Chelo?


lunes, 25 de mayo de 2015

Alfombras, alfombrillas y felpudos

Alfombras, alfombrillas y felpudos

Santos Rejas Rodríguez


                Cuando aquello de la alternancia en el poder, o sea que lo del gobernar iba de mano en mano de los conocidos habituales tras el disfrute durante un tiempo prudencial, se solía escuchar en los relevos aquello de ‘vamos a levantar alfombras’ o ‘miraremos hasta debajo de las alfombras’.

                Nunca, que yo sepa, se han levantado. Quizás, me digo, es que miraban y debajo de ellas todo estaba limpio y bien limpio. ¡Ejem!. También podría ocurrir que hubiera algunas pelusillas…pero claro, diría el ojeador, -si las aireo corro el riesgo de que al marchar, cuando me toque, y regrese el conocido de siempre, ventee las que se me han metido debajo en algún descuido…          En resumen, concluiría: -dejemos las alfombras en su sitio no sea que ocurra como a los que tiran de la manta, que suelen acabar en Soto del Real.

         Y la noria seguía girando feliz.




                Y escrito esto, me pregunto: los que están próximos a acceder a la cosa del gobierno, nuevos ellos en lo del poder, y sin alternancia previsible ¿levantarán alfombras? o al menos ¿alfombrillas o felpudos? No es que piense que bajo ellas van a encontrar suciedad, no. Es simple curiosidad por saber si los suelos son de terrazo, parquet u hormigón armado…y para que se aireen. Temporalmente, al menos.


                Y aquí estoy, templando la impaciencia que me embarga arrancando los pétalos a una margarita africana. Virtual, claro.

jueves, 21 de mayo de 2015

Entre paréntesis

ENTRE PARÉNTESIS

Santos Rejas Rodríguez



Poco antes de salir de casa vi que la hora se me había echado encima. Y esa fue la causa de mí caminar apresurado en busca de alguna obra en ejecución. Sin duda la aceleración en el andar, unida a la natural ansiedad que me embargaba por temor a no hallar ni siquiera una reparación de avería de agua, gas o similar con la que rellenar la mañana, me impidieron ser consciente de que caminaba, desde Dios sabe cuánto, con el cuerpo entre paréntesis, o sea con los brazos separados y en arqueo…

La reacción primaria fue la de mirar a un lado y otro, e incluso y con disimulo hacia atrás, por si alguien me estaba mirando. Secundariamente, y como soy algo introspectivo como ya he dejado escrito por ahí, pasé a lo del análisis interno de lo externo: ‘no tengo escoceduras en las axilas’, ‘la camisa no me roza’, ‘lo de los golondrinos ya no se lleva’… ¿entonces? Simultáneamente a la pregunta saltó la respuesta: ¡ostias, aprendizaje por imitación!





Como una película en HD me vinieron a la mente personajes de mi gimnasio, levanta pesas en concreto, que últimamente han llamado mi atención y caminan de ese modo: brazos como signos de apertura y cierre de paréntesis a ambos lados de un cuerpo en pausado caminar. El de las siglas FBI en la camiseta, me preocupa menos. Sé que ese organismo no tiene jurisdicción por aquí. El otro sí me inquieta. Luce en su espalda de stallone ‘policía de paisano’ y recorre una y otra vez el gimnasio escrutando a todos los presentes. Cuando le veo aproximarse resuena en mi cabeza la sintonía del OK Corral…y yo sin escopeta.


No soy curioso del entorno pero cada vez que se acerca, y no tiene a mano ninguna de las pesas de quintal que suele agitar, me entran ganas de cantarle por los dinámicos: ‘¿qué misterio hay en tus ojos/y en tu forma de mirar…? Pero de inmediato me digo: ¿y si se lo toma por lo equívoco? Y me vengo abajo en las ganas.

lunes, 11 de mayo de 2015

El día a día de Tomás

El día a día de Tomás

Santos Rejas Rodríguez

Me he acercado a la oficina de correos próxima a mi domicilio para recoger el libro de Tomás. Su último libro publicado, por ahora: Cuentos del día a día. He contenido mi impaciencia de abrir el sobre hasta acarrearlo a una terraza arbolada, ocupar mi mesa favorita y tener ante mí una copa de la ribera. Así no habrá interrupciones que me distraigan en el proceso.

Una cosa es conocer de antemano la portada de un libro y otra pasar por ella las yemas de los dedos, primero, y la palma de la mano, después. Un sentir de textura mezclado con un indefinible flujo de  vivencias contenidas en el día a día me abre poros de lo interno.

En una época de mi vida, muy juvenil, abría al azar un libro titulado Camino. Leía el pasaje que mi dedo hubiera señalado y meditaba. Se trataba de un libro a través del cual se conseguía la felicidad en este mundo y el gozo infinito en el otro. O quizás fuera al revés. Hace ya tanto tiempo…Sea como fuere, y únicamente para lo de este mundo, abandoné el camino de la meditación  adentrándome en el de la acción a través del Kamasutra, edición adaptada e ilustrada, claro. En la actualidad puede decirse que he retornado a la meditación. Por lo general con el Quijote.



Hoy, esta mañana, lo he hecho con el libro de Tomás. El azar me ha agraciado con la página ciento setenta y una, que forma parte del cuento A buena hora. Lo he leído de tirón. Aparte de generarme una cierta preocupación, de futuro, me ha hecho meditar y llegar a la conclusión que indudablemente pretendía el autor: que la realización de un deseo pone el punto final al gozo del anhelo. O dicho de otro modo: que es preferible en muchas ocasiones de la vida seguir disfrutando de un deseo, de un sueño, que materializarlo…o intentarlo. Porque el inconsciente juega malas pasadas en los momentos más inesperados y, lo peor, es que nos quedamos sin saber el porqué…Freud murió hace muchos años.

Gracias Tomás, amigo, por ‘estos relatos que se han ido cincelando a golpe de inquietudes’. No sé si tu libro será el camino para lograr la felicidad en la otra vida pero para gozar en esta, sí. Un gozo inquietante, claro…

viernes, 8 de mayo de 2015

¡Correos!

¡CORREOS!

Santos Rejas Rodríguez



No está referido el título a la fase de resolución de la interacción sexual. No. No soy tan atrevido y, mucho menos, imperativo en los asuntos personales. Además, de ser así, lo de correos iría seguido del término  ‘gusto’ y enlazados ambos mediante alguna preposición vgr: a, de, por, con, según, tras…
Insisto. No es el caso. Si hubiera peticiones ya se estudiaría. Hoy va de Correos. El que se ocupa, entre otros, del servicio postal. Soy comprador por internet. En algunas ocasiones, como la presente, el vendedor únicamente oferta el envío de lo adquirido a través del citado medio. Las opciones que me ofertó fueron ‘ordinario’ (ya el término no me gustó. Podría denominarse ‘normal’, ‘usual’…) o ‘certificado’.  El coste del librito comprado es de cuatro euros. Si optaba por el certificado sería mayor el p...que el trasero, con perdón, y la crisis es la crisis.







Desde el día veinticuatro de abril que el vendedor me informó del envío abro cada día, ilusionado, mi buzón. Aún nada. Mientras deambulo, constreñido y tal, me voy diciendo: ‘Paciencia. Te lo han enviado desde la otra punta de Madrid. Más de cinco kilómetros de distancia. Sólo han transcurrido catorce días. Los seres humanos no somos máquinas. Mañana y pasado ni mires, no hay reparto porque los fines de semana son para dedicarlos al ocio, descanso y conciliación familiar. Ya verá como el lunes…claro que empieza la semana de San Isidro…jornada reducida, creo’. Resignado suspiro: ¡ay, corazón!…digo Amazón.

domingo, 3 de mayo de 2015

Regalos...

REGALOS


Santos Rejas Rodríguez


Me estaba preguntando si en la facultad de que los patos floten en el agua subyace el principio de Arquímedes o si ya disfrutaban de esta misteriosa cualidad antes de que el griego se sumergiera en la bañera y se librara del ahogamiento gracias a la ocurrencia que tuvo en el último instante cuando me distrajo un chirrido de arrastre de sillas metálicas. Dos chicas de edad mediana estaban ocupando la mesa de terraza situada a la izquierda de la mía. Hermanas, además. Lo deduje porque, mientras se sentaban, una preguntó a la otra: -¿Qué le has comprado a mamá? –Un bolso y zapatos a juego, contestó la aludida pasando a ser preguntona: -¿Y tú? –Unas flores secas, que las que tiene en el recibidor huelen ya a moho y una botella de Chivas. –¿De whisky?  Pero si mamá no bebe alcohol…-Pero papá, sí. Ya sabes lo sensible que es. Si todos los regalos son para mamá se va a sentir fatal. Además que como tiene la tensión baja… -Ya. Pues la cara que va a poner nuestra querida madre. Dirá que es su día, y que cuando fue el día del padre a ella no le regalamos nada. Pero bueno, allá tú y tus ocurrencias…Por ahí vienen ya.


Era aún temprano para irme a comer. El sol tibio y el aire en calma invitaban a terraza. Me apetecía un segundo vino de la rioja, alta o baja. Miré en dirección a quienes se acercaban. Después a la mesa de las chicas con sus envoltorios de regalos…Me levanté de mi silla y pagué mi consumición.

Me hubiera gustado quedarme, observar la apertura de los paquetes y acercarme al grupo y preguntarles qué consideraban lo esencial: ¿Los regalos en sí? ¿Arquímedes? ¿Su principio?... ¡O la existencia de los patos! Pero creo que no me habrían entendido. Y hasta quizás asustado. Así que fuime sin hacer preguntas.

jueves, 23 de abril de 2015

Desamor, celos, acoso...

 Desamor…celos…acoso

Santos Rejas Rodríguez

Hace unos días, en un canal de televisión –no recuerdo cual- vi una grabación en la que una chica joven iba recibiendo mensajes en su teléfono móvil con una intermitencia abrumadora y obsesiva.  Por una amiga presencial, en pregunta interrogativa afirmativa, los espectadores quedamos enterados que el autor de los mensajes era la pareja afectiva de la receptora  a quien demandaba a cada instante ¿Dónde? ¡Porqué! ¿Con quién? ¿Qué llevas puesto? Es decir controlando su vida paso a paso. Celos y acoso, concluye la amiga aconsejándola que rompa con él de inmediato y/o que denuncie el hecho.
Informar, educar, prevenir, buscar soluciones, perfecto pero…incompleto si la campaña se queda ahí. La especie humana se compone de dos géneros. El desamor, la infidelidad, los celos, el acoso, la violencia…no es patrimonio exclusivo de uno de ellos. En virtudes y defectos existe un común denominador. ¿En proporciones diferentes? Unos sí, otros no y los más repartidos conforme a las diferencias individuales de mujeres y de hombres.  Será preciso, es evidente,  incidir en aquellos aspectos en que las desproporciones sean mayores para corregirlos pero informar, educar, prevenir y dar soluciones debe ser para ambos géneros.


Tengo hija e hijos. No querría que mi hija fuera objeto de ningún tipo de violencia o acoso. Pero tampoco que lo sufrieran mis hijos. He intentado educarlos en el respeto al ser humano sea hombre o mujer. Así creo que deben ser las campañas sociales. Lo contrario es caer en la demagogia y el oportunismo… O en un feminismo revanchista tan indeseable como el machismo a extinguir, por las consecuencias y  efecto boomerang que a medio plazo tendría.

 Sin carga política alguna, simplemente pensando en el bienestar de los seres humanos ¿podría hacerse una encuesta sobre el control – acoso de chicos sobre chicas y viceversa en el segmento de población de 14 a 18 años? Y después lo hablamos…

viernes, 17 de abril de 2015

Ratos...

¿Ratos de esperanza, esperanza a ratos o... sólo ratos?


Santos Rejas Rodríguez


Con el tiempo justo para ver el inicio del telediario suelo encender mi televisor. La noticia con que abre el informativo me sobrecoge, sorprende y me produce un regusto interno que no sabría explicar a qué me supo.Carezco de referentes para identificar o comparar el sabor.
 ‘Rato detenido’: Ministro, Vicepresidente del Gobierno, Presidente in pectore, doctor en economía universal…Un inigualable curriculum a quien una mano firme le doblega la cabeza para introducirlo en el vehículo que le transportará ante el juzgado de guardia como a cualquier caco de nuestras calles pillado in fraganti.



Tengo por ahí escrito que hay sucesos, muchos, que se me emparejan. Este no ha sido excepción. Suelo elegir música en función de mi estado de ánimo. Momentos antes de encender el televisor estuve escuchando folk español, Jarcha en concreto, y al oír la noticia de la detención de Rato, una estrofa de la última canción retornó con brío: ‘Sentimos que no estén todos/los que viven de esta guisa/pues sería interminable/poner música a la lista’.
Pasado el telediario, regresado el televisor a su negra pantalla, una serie de preguntas revolotearon por mi cabeza: ¿por qué ahora? ¿por mano de quién? ¿a quienes beneficia o perjudica? Y lo más importante, me decía: ¿dormirá en Soto del Real? Sin respuesta publicable me dormí…
Esta mañana me informo que Rato, el Sr. Rato de nuevo, durmió en su casa, que se abre un investigación exhaustiva, que habrá comisiones…¿que qué? ¿pastel todo, como se suele decir en cheli o ambientes carcelarios?

Tampoco tengo respuestas para afirmar si es un farol arriesgado o va de veras el envite, así que retorno a a Jarcha: ‘Bienaventurados, madre/los políticos de oficio/que trabajan para el pueblo/si ello les da beneficios’

martes, 14 de abril de 2015

Cuerpo y Mente...o algo así

Mente y Cuerpo…o algo así


Santos Rejas Rodríguez


Hay días en los que la mente quiere ir por un lado y el cuerpo por otro. ¡Cuidado con los esguinces! Avisaría mi amigo Agustín, guestaltista él.
Hoy, tras un mal soñar, es uno de esos días. Mi cuerpo se niega a ir al gimnasio. Mi mente me empuja hacia él. O quizás al revés, no tengo la cabeza para hilos finos. Pero aquí estoy, subido a la bicicleta que te lleva a parajes imaginarios y pedaleando a ritmo pop de los sesenta.  

Superponiéndose a la vocecilla interior que me susurra: ¡ves, necesitabas ejercicio! Oigo por el lateral derecho otra, aguda y voluminosa: ¡¡qué tal, amigo!! Giro lentamente la cabeza, desprendo el auricular de mi oreja y educadamente contesto: ¿Díga? -¡¡Que si vio anoche en televisión a la Rosa Díez en la entrevista de…me espeta el compañero de tour -No señor, veo poca televisión…y me coloco de nuevo el auricular.
Ha nacido gente que no se da por aludida y es inmune a las expresiones no verbales: -¡¡ Esa señora no se ha enterado que…!! Elevo el volumen del reproductor y pedaleo con ansia mirando a la pared infinita.
Una acción que me irrita más que el criminal pregón de ¡¡¡El tapicero…se tapiza a domicilio!!! es que un interlocutor me toque al mismo tiempo que me habla. Y este señor, cadenciosamente, empieza a tocarme el brazo a la par de su verborreico discurso. Me bajo en marcha y, saltándome el programa atlético, me siento en la terraza de la cafetería para inmortalizar el acontecimiento vivido mientras paladeo un té…negro.

Una pareja, surgida de la nada, se coloca frente a las desprotegidas mesas y sin previo aviso se arranca por Lole y Manué…mi cuerpo, en íntima comunión con la mente, sale a escape. Ya pagaré el té otro día. Saben donde vivo…

sábado, 21 de marzo de 2015

DESPEDIDAS

Despedidas

Santos Rejas Rodríguez

Tras veintitrés horas de angustia sumida en la negritud del silencio, huyendo del terror que está fructificando de unas semillas cuya paternidad nadie quiere reconocer, y creyendo que han llegado al último aliento de vida en esta tierra siempre temblorosa por las diferencias irreconciliables de los seres humanos que la pueblan, una pareja, que hasta ese momento ha vivido unida, se despide el uno del otro para, cogidos de la mano, encaminarse a un más allá que da pavor sólo con pensar que puede ser un calco de este más acá.

Tremendo y desolador que en nombre de un dios incomprensible unos sujetos decidan la muerte de sus prójimos, de quienes ni siquiera saben  cual es su religión, ni el color de su piel o el de sus  ojos…




Por fortuna la historia de la pareja del atentado de Túnez fue de final feliz, de película americana, de las de antes. No así para el resto de los diecinueve fallecidos, todos ellos víctimas, aunque de matiz diferente.

No he podido, ni querido, contener la emoción al ver a Cristina y Juan Carlos y escucharles  cómo se despidieron dando por finalizada su andadura, y que una sonrisa se dibujara en mi cara al verlos caminar juntos, unidos, mano con mano, ahormando su futuro.
Tampoco he podido evitar el pensamiento de las manos que, solitarias, recorren  calles.


lunes, 16 de marzo de 2015

Mediar o no mediar...

Mediar…¿o no?

Santos Rejas Rodríguez

Cuando ya crees que lo has visto todo, o casi todo, va don Eduardo y protagoniza un anuncio de pan de molde. Y la vida se relativiza y piensas que Einstein tenía razón, que el tiempo no existe y que la luz camina a velocidad superior a la del sonido y tiene peso, aunque leve, como el ser.

En esas andaba mi mente cuando un rugido estridente, salido de boca de varón, traspasó el espacio que nos separaba y me alcanzó: ‘-y para qué quiero yo esto sino tengo nada para meter en ella…’ graznaba a la vez que esgrimía una barra de pan como si fuera una escopeta del doce, apuntándola a otro ser. El semejante, o sea el interpelado, en rugido no menor en sonoridad, respondió: ‘-como vaya para allá te voy a decir lo que vas a meter y por dónde’.




Hay cosas de la vida que me incomodan, como es la falta de generosidad. Otras me repelen, la agresividad entre ellas. Y tiendo a atemperar situaciones en la que la violencia se presenta, interviniendo, mediando. En esta ocasión, conforme me aproximaba al de la barra de pan en esgrima, empecé a sopesarlo: rapado en cresta, fornido  y en camiseta de tirantes, congestión facial y mandíbula encajada. Así que me giré para contemplar al respondón por ver si…ejem: un calco. Un poco más bajo en estatura vertical. En la horizontal más fornido, con unos brazos de grosor como el doble de mis piernas, juntas…o más. Y unos ojos saltones empujados por una sangre en ebullición.
Mi buen amigo interior me dijo, prudente él: ¿Porqué no dejas que con su pan se lo coman? Que ya tienes una edad…Y sin ni siquiera responderle, fuime.

domingo, 8 de marzo de 2015

Regresos y reencuentros...

Regresos y reencuentros…

Santos rejas Rodríguez


Un matiz de luz, el trino de un pájaro, el olor a romero o jara florida puede ser el detonante de la evocación de un recuerdo, de una promesa, de una vivencia. Respuesta emocional condicionada, la llaman los psicólogos pretendiendo explicarla.

También el color. El blanco que predomina en esta cafetería. El blanco de bata sanitaria con aromas de asepsia ha eclipsado el entorno dejándome frente a ti. Sonriente. Con la sonrisa de la incertidumbre, la del miedo contenido, disimulado, para que no me alcance y no sienta dolor: tu dolor.  Domesticado y de tu mano para protegerme sabiéndome el más débil dentro de la fragil fortaleza que nos habíamos construido.


El brillante color me ha catapultado al vacío haciéndome retornar a aquellos tiempos en que aún creíamos que la victoria era posible. Que aún cabía la esperanza…

Y ahora que estás  aquí, separados únicamente por la distancia inconmensurable de la eternidad, sintiéndote en carne viva, aprovecho para decirte que todo lo que no seas tú sigue sin interesarme  y que lo que me aleja de ti cada vez me resulta más hostil…

La cortina de batas blancas se iza y me deja  ausente de tu mano, amiga. Y de nuevo al camino. A solas con tu sonrisa. Otra vez…

martes, 3 de marzo de 2015

Promesas

PROMESAS

Santos Rejas Rodríguez

Infrecuento catedrales, iglesias y capillas. En especial si el acudir a uno de estos recintos es para cumplimiento social, o sea: ver o ser visto; dar o recibir condolencias o parabienes. Quienes me conocen disculpan mi ausencia. A cambio saben que están exentos de acudir cuando me toque ser protagonista del evento.
Escrito lo anterior, debo reconocer que en algunas ocasiones, muy contadas, me embarga una apetencia similar a la del diabético cuando siente la necesidad de ingerir azúcar. El cuerpo –pues me resisto a atribuir el impulso a otras instancias no palpables por los sentidos- me incita a refugiarme en sagrado. Busco entonces una iglesia perdida, recoleta, donde los únicos ruidos sea el crujir de la madera vieja o el tropezar en eco del feligrés de andares inciertos.
Mis pasos me han encaminado a una iglesia a la que me llevó el azar  –va para ocho años-  y que me recibió de manera mágica con una misa cantada en gospel.


Hoy, al adentrarme en ella me llega, nítido y claro, ‘buscad y hallareis’, ‘pedid y se os dará’…
 Termina el oficio religioso y sigo sentado en mi solitario banco. Las palabras del oficiante ocupan mis reflexiones.  ¿promesas? ¿de obligado cumplimiento? ¿o forman parte de un programa de elecciones? ¿envueltas en incienso?

Una tos discreta, un apagado de velas, me invitan a salir del templo. Y de nuevo en la calle. A caminar esperanzas.   

lunes, 23 de febrero de 2015

Parejas...?

Parejas…?

Santos Rejas Rodríguez


Madre e hija conversan. En un principio, por el volumen de voz de la primera, altisonante, comencé a recoger mis bártulos de escribir para cambiar el escritorio a otra cafetería. Siempre, o casi, me han paralizado las lágrimas. Y las de mujer, más. Cuando retornaba el capuchón del pilot a su punta de escribir, visualicé las dos lágrimas ardientes que, suave y a lo callado, se desprendían de los ojos de la mujer de mayor edad, la madre. Al mismo tiempo se atemperó el volumen de su voz. No le iba bien la relación con su marido. Es más ‘cada vez están peor las cosas con tu padre’ informaba, sin sollozos, a la hija.



¿La razón? La explicó con detalle. ‘Salimos poco, y cuando salimos yo, a su lado, como tu bolso que está ahora sobre el taburete. Abre el periódico, habla con el camarero o está callado. Ausente de mi’. Y en casa, igual. Anoche llegó de ver el partido del Real Madrid. Ni un comentario. Ni si ganó o perdió. Sólo: ‘-la cena’. Y de ahí al sillón. Y del sillón a quedarse dormido. Desapego, incomunicación…desamor.
Los esfuerzos de la hija, sus palabras de cariño, las propuestas de alternativas de que saliera con amigas, viajara aunque fuera sola, no calaban su piel. Tampoco hubo más lágrimas. Sí más silencios. Levanté mis ojos del cuaderno. Busqué su mirada. Y encontré desolación. Abandono. Soledad.

Camino de casa arranqué un pellizco de la barra de pan. ¡Qué amargo está hoy!, pensé. Y me costó tragarlo.


Publicado en nuevatribuna.es: 
http://www.nuevatribuna.es/opinion/santos-rejas-rodriguez/parejas/20150224092342112856.html

jueves, 19 de febrero de 2015

Humor, dolor

Humor, dolor…

Santos Rejas Rodríguez
 

Hace tres días murió mi madre. No por esperada, menos sentida. No tenía enfermedad conocida. Únicamente años vividos. Al filo de los noventa y nueve que hubiera coronado este próximo abril. El de las flores, el del amor en primavera que eclosiona en nuevas vidas entre diciembre, y febrero del año siguiente.
Mis hermanos y yo no tenemos queja alguna. La hemos disfrutado más que la media de otros hijos. Ella tampoco: la han sobrevivido todos sus hijos sin experimentar la pena incurable de haber perdido alguno por el camino. Querida por sus nietos a los que ya les disputaban el podio sus bizbietos, que vienen con fuerza ejerciendo sus derechos del querer y que perpetuarán los genes y enseñanzas que nos ha dejado en herencia.
La muerte de una madre no por esperada deja de sorprenderte. Te deja sin aliento cuando llega, desprotegido, en pañales, indefenso. Es preciso aprender la andadura sin su mano protectora. Y ahí estamos. Eso sí, con el humor que nos caracteriza a todos los hijos que parió, incomprendido para algunos pero que a nosotros nos sirve para transformar las lagrimas en risas, de mejor deglutir. Nada más expirar nuestra madre, una de sus nietas, en el momento de darle el beso de despedida, se apoyó sobre el cabecero de la cama articulada que, brusca y ruidosamente, tomó la posición horizontal. Su padre la reconvino con cariño: ¡Hija, has dado a la yaya un susto de muerte!



Y en la cena de hermanos, tras la despedida en su nuevo lugar de reposo, sabiendo que ella presidía la mesa, y que nos estaba diciendo. ¡qué locos estáis todos! recordando la anécdota, nos reímos hasta las lágrimas. Lagrimas agridulces de humor y dolor. Y de amor, de mucho amor.

sábado, 7 de febrero de 2015

Cuerpos y almas

Cuerpos y almas

Santos Rejas Rodríguez

Frente al lugar que ocupo se exhiben lomos de libros en paciente espera de caricias. De entre ellos emerge, en oferta de acudir a la llamada de mi mano, un viejo conocido: Cuerpos y almas. Ofició de detonante para comenzar la charla de sobremesa dentro del grupo de amigos que nos reunimos con la intermitencia adecuada para no generar impaciencias pero tampoco ansiedades. La elección para las copas, tras la comida de restaurante casero, es un antiguo mercado reconvertido en lugar de encuentro para la bebida pausada, con música que deja el protagonismo a la voz de los contertulios. Del Cuerpos y almas llegamos a la Madre Teresa de Calcuta habiendo pasado por las Edades de Lulú, La Reina del Sur y Marcial Lafuente Estefanía, dejando constancia del Capitán Alatriste.
En el intento de adivinar el destino que finalmente tendrán los libros impresos llegamos al descanso. O sea: al fin de la primera copa y visita al vestuario. Y precisamente, en el trayecto hacia el alivio, volví a ver a la pareja adosada a la barra y dedicados a la misma tarea que cuando llegamos: besarse. A besos profundos. De los de inmersión a pulmón libre que provocan síntomas de asfixia en el espectador… ¿El beso presenciado a la llegada y este han sido, quizás, los dos únicos besos compartidos? ¿Son  besos esporádicos?  ¿O forman parte de una cadena de besos? Me preguntaba entre ida y vuelta.
Parece ser, por testimonios allegados, que se trataba de  besos formadores de un continuum sin visos de finitud.



La conversación del segundo tiempo nos condujo, por vericuetos  que no vienen al caso,  hasta un  Luis Cijes preocupado por si su hijo, Resines, le respetaría por aquello de que ‘un hombre, en la cama, siempre es un hombre’ y a otras cosas del amanecer…que no es poco.
 Ya en mi cama, al aguardo del sueño, rumiando el día,  me preguntaba qué habría impelido a la pareja a besarse así y allí, subidos en taburetes adosados a la barra de un bar, emulando a cigüeñas expuestas en campanario.
¿Reencuentro ansiado? ¿Despedida eterna? ¿Buscando un tesoro perdido? A la espera de hallar respuesta del porqué una pareja en la que ambos sobrepasan la edad media de la esperanza de vida actual, española, se besaban de ese modo, y en ese contexto, me quedé dormido.
Y desperté con una sonrisa de beso en el cuerpo e incógnitas indescifrables en el alma. O quizás al revés…

jueves, 29 de enero de 2015

Amistad

Amistad

Santos Rejas Rodríguez

No hubo pretensión de escuchar la conversación de las dos mujeres, amigas, que se hallaban sentadas a una mesa adyacente a la mía, pero la distancia de separación era menor a un brazo extendido, no muy largo y encogido por la artrosis. Además me sentí prendado por la musicalidad de sus voces y porque ambas guardaban tiempo de silencio para escuchar a la otra. Tiempo medido. Como la cadencia del reloj de los jugadores de ajedrez. ¡Y tan atenta la una de la jugada de la otra…! y también viceversa, como escribió el poeta.
Exponían, cada cual en su turno, el problema que cada una de ellas portaba sin resolver. Habituales de la vida de hoy y también de ayer. Inmersa en un litigio de divorcio sin acuerdo, la colateral a mi.  Una de esas separaciones de daño mutuo. Como de revancha por haberse querido inútilmente, sin sacarse el provecho esperado.
La otra bajo la sospecha de la infidelidad, pero sin querer creer. La desazón de alma de quien ama y aprecia desarmonías en el ser amado…



Ni una ni otra usaron de consejos o apelaron al ‘y yo peor’…La música tenue de la cafetería, el hablar pausado de ellas, la escucha atenta, me hicieron recordar una sesión psicológica pero sin  espera de diagnóstico ni demanda de tratamiento. Un vacío de dolor de alma escuchada. Simplemente.
El remate final, tras el consumo de un té y una cerveza sin alcohol que habían utilizado para ir deglutiendo pausadamente la conversación, fue el intercambio de obsequios navideños ¡tan retrasados! Y las expresiones y muestras de cariño al contemplarlos. Retrasados sí, pero muy a tiempo para hacer brillar los ojos empañados por lágrimas de amistad. Y los de un desconocido anónimo cercano…

(Publicado en el diario digital nuevatribuna.es:


martes, 20 de enero de 2015

Encuentros sorprendentes

Encuentros sorprendentes…

Santos Rejas Rodríguez



Viajaba en el autobús 21, en ruta hacia la Castellana, mientras iba pensando en las inteligentes medidas de nuestro Ayuntamiento para reducir, e incluso eliminar, la contaminación que nos tiene emboinados desde el inicio del año ¡que llueva, que llueva! cuando bruscamente, y sin mediar frenazo alguno del vehículo, mi atención quedó prendida como flecha en diana en ¡Rosa Diez comprando cupones de la ONCE! ¡Y frente por frente de la sede del PP! de la Calle de Génova.
Olvidando mi destino apreté el botón de parada y me apresuré calle arriba para allegarme al encuentro de su señoría.
¿Qué motivación ignota había desencadenado mi acción? Lo ignoraba. Una conducta más a añadir a la cadena de inmotivadas, o sin sentido conocido, que ocupan un almacén desde mi uso de la razón…
¿Qué iba a decirla, o callarme, al tenerla frente a frente? Hola: ¿Buscando financiación para la próxima campaña? ¿Contribuyendo a una acción social? ¿Enfurruñando a Ciudadanos? ¿Más…? ¿Guiñando al PP? o  ¿Incitando a Podemos? Tampoco fui capaz de darme respuesta. Sí sabía, corazón, dónde estabas. Oía tu palpitar… y cada vez más acelerado por la prisa y el respirar entrecortado por la contaminación bajera.



No hubo lugar ni a preguntas ni respuestas. ¡No era ella! Puedo asegurar, y aseguro, que era su doble exacto. El que buscan con ahínco quienes se dedican a otras áreas del mundo del espectáculo.
¿Qué hacer ante el fiasco? En esta ocasión la respuesta fue inmediata ¡compra una tira para el cuponazo! Por si los dioses quisieran compensar el esfuerzo y aliviar mi desazón por la oportunidad perdida. Quizás para siempre, ¡Oh fortuna, que esquiva eres...!
(Publicado e nuevatribuna.es:

martes, 6 de enero de 2015

CUMPLEAÑOS...

CUMPLEAÑOS…


Santos Rejas Rodríguez



Celebrar el día del nacimiento suele ser costumbre
 extendida. Al menos, en mi entorno socio familiar, lo es. Por fortuna algunos de los ritos tradicionales de mi niñez se han extinguido, como los cruentos tirones de orejas, venganza para resarcir los agravios infligidos a lo largo del año. Pervive la tarta aunque transformadas las velas tradicionales en la de dígitos por aquello de la economía espacial…

Sirve también la conmemoración para llamar, o
 viceversa, a la persona amiga; prometiéndonos mutuamente, una vez más, que nos tenemos que ver y hablarnos. Esta vez de verdad.

Es un celebrar de la llegada a la vida. En día
señalado. Recordado una vez al año. En compañía…


¡Qué diferencia con el cumpleaños de muerte! También ocurrido en fecha fija, sí, pero de recuerdo presente. Y, por lo general, en soledad íntima.

En este que ha sido tu cumpleaños de fecha, 
cincelado en el pensamiento día a día, y haciendo caso al  -¡No te guardes todo, háblalo! que me decías, apropiándome de palabras de Manolo García, tu favorito entre los favoritos, quiero decirte que:

 ‘Quedaba mucho por hacer/quedaba 
mucho/porque de ti volví a aprender lo necesario/Del brillo de tus ojos, a disfrutar del tiempo lento/A tirar del lastre, de eso que es el existir…Y muchas cosas más de ti aprendí/Y quedaba mucho por hacer/recoger los sueños en las noches frías…A robarles el tiempo al minutero…Y quedaba mucho por hacer…quedaba mucho’

Cómo duelen los cumple días de ausencia, cómo 
duelen… 

¡Quedando tanto por hacer!