De la felicidad de Dios y de otras felicidades
Santos Rejas Rodríguez
Sí, ya sé que va «mu de seguío», como
algunos dicen por mi tierra querida, pero quiero rematar lo dicho sobre la
felicidad y Dios mientras que el Papa está en tierra española, porque después, cuando
pise Vaticano, si te he visto no me acuerdo, como harán quienes yo me sé pese a
tanto chocar sus manos durante varios minutos...
Mi amiga Geles, movida por su generosidad y
cariño me dice:« más una mirada q mil palabras... y tú eres capaz de dibujarlas en tus paginas
como si estuviéramos viéndolas…consigues eso q no se ve, q solo se siente».
Y de ahí me condujo a darle vueltas a qué
imagen representaría la felicidad…
La felicidad es uno de esos conceptos que rara vez se
dejan atrapar por una sola imagen. Dependiendo de cómo la entendamos, pueden
representarla escenas muy distintas.
Si la felicidad es paz
interior: un banco vacío bajo un árbol después de la lluvia.
Si es amor: dos manos
que se buscan.
Si es esperanza: un
brote verde emergiendo de una tierra seca.
Y si hubiera una frase
acompañando la imagen, podría ser: "La felicidad no es la ausencia de
heridas. Es descubrir que aún queda luz para cicatrizarlas."
Pero…en el aquí y
ahora, tratando la unión Dios-Felicidad, y para circunscribirme al asunto, he elegido
imagen de la felicidad una instantánea del rostro del Papa, la que ilustra esta
reflexión.
Lo que transmite no es
una felicidad exuberante o eufórica. No hay sonrisa evidente. No hay fuegos
artificiales.
Es algo cercano a la
serenidad. A la paz interior, a la plenitud espiritual.
Aparece en actitud
recogida, con la mirada baja… no se adivina qué hay detrás de ella. Quizá unos árboles movidos por el viento, un
horizonte lejano o una luz blanca que se pierde en el infinito…
En resumen: una
expresión suave y concentrada. La paz que surge de la fe. La felicidad
entendida como sentido y propósito… y la confianza en algo trascendente.
Sí, ya sé que se puede
objetar, y con toda la razón del mundo, que esta perspectiva representa
"la felicidad" bajo el prisma de la espiritualidad cristiana.
Y por esa objeción,
certera, quiero hacer protagonistas a todos
los seres humanos que, al margen de ese prisma ideológico, han llorado alguna
vez, han perdido cosas importantes, han conocido el miedo y la incertidumbre, y,
pese a todo, siguen encontrando razones para mirar hacia delante y gozar de
momentos de felicidad.
Colofón o algo así: Se
trate de la felicidad en sentido religioso o de la felicidad en sentido
general, yo diría que, sea
desde la fe o desde la simple condición humana, la felicidad suele nacer allí
donde encontramos razones para amar, para confiar y para seguir mirando hacia
delante… la felicidad es algo que nos ayuda a seguir caminando.
(Geles,
amiga, gracias pero…en qué líos me metes.

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