La felicidad…y Dios
Santos Rejas Rodríguez
Caras sonrientes, miradas brillantes, León
XIV, Madrid…
Y una buena amiga me pregunta:
—¿Creer en Dios da la
felicidad?
—Sí, muchas personas
son felices creyendo en Dios—, respondí y ya no paré.
La psicología ha mostrado
que, para una parte importante de la población, la fe religiosa puede asociarse
con mayor bienestar subjetivo, esperanza, resiliencia ante la adversidad,
sentido de la vida y apoyo social.
No es la creencia en
sí misma la que garantiza la felicidad, sino lo que esa creencia aporta a la
persona: significado de vida, formar parte de una comunidad, compartir valores,
recibir o dar consuelo y una forma de interpretar el sufrimiento.
También hay muchas
personas que son felices sin creer en Dios. Encuentran sentido en el amor, la
familia, la amistad, el trabajo, el arte, la naturaleza, la ciencia o el
compromiso con los demás.
Desde la psicología,
la cuestión no suele plantearse como «¿es necesaria la fe para ser feliz?»,
sino más bien «¿qué da sentido a tu vida y te ayuda a vivirla de forma plena?».
Para algunas personas
la respuesta es Dios; para otras, no.
Como psicólogo he
observado en pacientes oncológicos que en situaciones límite algunos encuentran
una gran serenidad por su fe, mientras que otros la encuentran por sus
relaciones, sus proyectos o simplemente por la decisión de vivir cada día con
la mayor dignidad posible.
Quizá una pregunta aún
más interesante que «¿se puede ser feliz creyendo en Dios?» sea: «¿qué
tipo de felicidad buscamos?»
Si hablamos de una
felicidad entendida como ausencia total de dolor, probablemente nadie la
alcanza.
Si hablamos de una
vida con sentido, amor, esperanza y capacidad para soportar el sufrimiento,
muchas personas afirman haber encontrado eso precisamente a través de su fe en
Dios.
Y otras, por caminos
distintos.
Y aquí lo dejo por
hoy.
Quedan pendientes
otros temas relacionados con la felicidad, Dios y la vida, que también hablé
con mi buena amiga, y que prometo comentarlos en breve.
Pues eso.






