lunes, 31 de marzo de 2025

De huevos...una vez más

 

De huevos...una vez más

 Santos Rejas Rodríguez

 

            Hace años, bastantes, escribí sobre huevos. Los portugueses dejaron de controlar sus huevos, con perdón, al suprimir el Centro de Inspeçao e clasifiçao de Ovos.

            La noticia me dejó en duermevela toda una noche. ¿ Qué ocurrirá en lo sucesivo con los huevos portugueses ?, me preguntaba inquieto. Inquietud acentuada por reflexiones añadidas: ¿Controlamos los españoles nuestros huevos ? ¿Todos los huevos? ¿Los hemos controlado alguna vez? ¿Siguen existiendo huevos sin control?

            Crujido de la cama y nuevas interrogantes: ¿Existe un organismo dedicado a inspeccionar y controlar los huevos? ¿ los clasifica también? Y, en este caso: ¿Cuáles son los criterios y cuantas categorías existen ? ¿Qué se hace con los huevos que no se ajustan a los patrones ( de clasificación, me refiero ).

        Y antes de quedarme, más o menos, en trance : ¿Dónde está ubicado el organismo competente ? ¿el control es potestad de quien más manda?

            A lo largo del tiempo, sin respuestas a algunas de las preguntas, y resignado o adaptado a otras, me había olvidado de los huevos. De los españoles, claro.



            Hasta ahora. Cuando el Sr. Trump ha sacado a relucir los suyos y los ha puesto encima de la mesa. La propia y las ajenas.

            Y de nuevo regreso el desvelo y a la inquietud por tanto huevo sin control, por la imparable subida del precio a pagar por ellos …y, lo más desolador,  tan escasa esperanza para su remedio. 

             ¡Manda huevos!

    Pues eso.

lunes, 24 de marzo de 2025

Entre Dana y Dana

 

Entre Dana y Dana…

Santos Rejas Rodríguez
 

A través del cristal de la ventana contemplo la lluvia en este día intermedio entre los temporales viajeros que nos recorren al galope.

Es temprano, ningún transeúnte por las calles y escasos y espaciados vehículos.

Domina el silencio de la lluvia que cae de un modo manso, como un transcurrir de vida sin objetivo definido. En la noche quedaron diluidos los chaparrones, las gotas violentas que rebotaban contra el asfalto en vana pretensión de retornar a la nube que las guardaba y protegía. Quizás eran adolescentes, ignorantes aún, de que no existe el retroceso. O tal vez atrevidas gotas explorando lugares fuera de su nube para intentar descubrir territorios alternativos al que ocupaban y probar si son más cómodos y placenteros.

Ignoran, también, que la provisionalidad no tiene lugar en la existencia, que todos los pasos dados son definitivos, que el camino andado es indeleble e irrepetible y que lo vivido, vivido queda. Sin provisionalidades… aunque en el fondo cada ser sienta lo contrario: que todo lo vivido hasta el momento es un ensayo para lo venidero…

Ya es día claro y el silencio de la lluvia es apagado por los ruidos cotidianos interrumpiendo esta reflexión.

¡Por fortuna!

martes, 5 de noviembre de 2024

De Padres

 

De padres

Santos Rejas Rodríguez

Tal día como hoy, 5 de noviembre, san Zacarías, nació un niño que, andando en el tiempo, se convirtió en un buen hombre. En un hombre bueno. Mi padre.

En el día de su muerte, a las pocas horas de fallecer, escribí:  «Con él tengo muchas conversaciones pospuestas, perdidas ya. Nos faltaron, en especial a mí, palabras que transmitieran los sentimientos que nos sentíamos. Intensos, muy intensos; adivinados pero embargados por la timidez de la expresión. Por el miedo escénico, incomprensible pero insuperable las más de las veces,  a decir : ‘te quiero’, ‘te necesito’ o, siendo niño y aún después,  ’siento miedo cuando no estás, de que me faltes».

Han transcurrido muchos años. En el intermedio he mantenido con mi padre todas las conversaciones que no tuvimos en aquel entonces. Ha estado presente en mi vida todos y cada uno de los días transcurridos. Y, con su presencia, ha ido llenando el inconmensurable hueco que su ausencia me produjo.

La muerte de una madre cicatriza más rápida y su ausencia es más dulce porque en vida recibimos el abrazo que necesitábamos en el momento oportuno, sentimos su cariño manifiesto, sus besos y su ternura. Tras fallecer todo sigue como si estuviera presente…lo está.

La muerte del padre es el duelo prolongado. Se tarda en asimilar porque quedan inconclusos los abrazos, el cariño no expresado en palabras, las palabras no dichas en voz alta…. La rumiación se produce en los hondones, en las capas profundas de aristas que hacen sangrar los recuerdos. Tarda en emerger la sonrisa en las vivencias perdidas y el  caminar de la mano.

Papá, quiero terminar la felicitación de tu cumpleaños con algunas de las frases con las que te escribí el día de tu muerte:

«Necesito expresarte ahora lo que pienso y siento, y, de manera pública y como acto de fe, decirte lo orgulloso que puedes irte de esta vida por todo cuanto has hecho en ella y en especial por lo que nos has dado. Orgullo que es el mismo que siento, que sentimos todos tus hijos, por haberte tenido como padre, por seguir teniéndote como padre allá donde estés ahora. Que lo sepas. Un beso. Fuerte».

Pues eso. Felicidades Z. Vicente.

jueves, 12 de septiembre de 2024

De guateques y supermercados

 De guateques y supermercados

Santos Rejas Rodríguez

Surgen acontecimientos que parecen cerezas arracimadas. Tiras de una y sale otra. No suelen aparecer por azar… o quizás sí y los andares de la vida no sean puro determinismo.

La primera cereza me llegó en forma de noticia, fotografía incluida, sobre aquellos guateques de mi adolescencia. Y el olor a lavanda, el agua de colonia que olía como tal y servía para enmascarar la sudoración de las manos cuando ibas a pedir un baile a una chica, inundó mis recuerdos. Sudor de manos que, según confesión de una buena amiga, a ellas les ocurría igual cuando veían acercarse al chico «a sacarla». Pura reacción del sistema nervioso, del de entonces.

A esta cereza se le unió otra, sin imágenes, sobre los ligues en Mercadona y me pregunté: ¿Qué parte del cuerpo les suda ahora? ¿olerán a supermercado o a pizza 4 quesos? ¿comenzarán con el estudias o trabajas? o ¿tienes piso en propiedad y pensión contributiva?

Con curiosidad meramente científica me personé en un Mercadona alejado de mi domicilio por si los encuentros casuales y tal. A la entrada pregunté al encargado:

—¿Es aquí donde se liga?

—¿Tiene hora caballero? Hablarme de usted y el término caballero me mosquearon y lo de la hora me descolocó como si me hubieran pillado dentro de un avión sin pasar el control de seguridad.

 —¿Hay que pedir hora? No soy experto en comunicación no verbal pero puedo asegurar que el nota estaba haciendo fuerza con sus dos carrillos para no partirse el culo de risa, con perdón.

—Claro caballero, y condescendiente sacó de debajo del mostrador un libro más grueso que el Don Quijote y tras ojearlo, añadió:—puedo darle cita para el 13 de diciembre a las 19:00 h.

 —Perdón, respondí, tengo póliza privada, de las de pago.

—¿Cómo dice caballero?

—Que no soy de la Seguridad Social ni estoy pidiendo consulta médica, respondí con suficiencia.

En este punto tras un intercambio de pareceres en los que desapareció el caballero y aparecieron términos que no son para ponerlos por escrito abandoné el supermercado y decidí preguntarle sobre el evento a mi vecina, la que un día me dijo que para huevos, los de Mercadona.

Y regresé a casa parando a trechos murmurando el mantra:

¡Estamos jodidos! ¡Estamos jodidos!

Pues eso.

(Pablo, la culpa de esto la tienes tú por incitarme a escribir en mi blog)

viernes, 7 de junio de 2024

La patronal

 

La patronal

Santos Rejas Rodríguez

Ensimismado en los previos a la jornada de reflexión me ha venido a la cabeza una anécdota de cuando fui director del Centro de Inserción Social Victoria Kent, de Madrid.

En todo colectivo es normal que el director se reúna individualmente o en grupo con sus colaboradores inmediatos para gestionar los asuntos laborales. Se denomina: «despachar».

En uno de los funcionarios de despacho habitual se daba la circunstancia de ser también representante sindical. Cuando salía de despachar conmigo, asuntos laborales de su competencia, los colegas que estaban esperando para hacer la misma función de despacho, con retranca y un mucho de cachondeo, le decían:

—¡Ya te habrás chivado bien!  

—¡Yo siempre con la patronal , quien manda, manda!

Y sin inmutarse, carpeta bajo el brazo, el entrañable compañero Ángel, hacía mutis.




En esta jornada previa a la reflexión me he preguntado: ¿a quién votar? y como desde que nos abandonó Anguita, don Julio, nadie se ocupa de repetir: «programa, programa, programa»,  y  en mítines y debates se habla del tú más,  de zurdos o diestros y de las familias y parientes, y cero de programas, uno anda desnortado y como pollo sin cabeza.

Así que, llegado a este punto, recordando el aserto del funcionario, me he hecho otra pregunta: ¿Quién manda? Tras un repaso de los acontecimientos históricos del último año una vocecilla, muy cabrona ella, me ha susurrado: «hay uno por ahí fuera que tiene siete votos…».

Así que no es de extrañar que cuando yo salga del colegio electoral y alguien me pregunte que a quién he votado, responda: ¡yo siempre con la patronal, quien manda, manda.

Pues eso...

sábado, 27 de abril de 2024

MORIR GANANDO

 Morir ganando

Santos Rejas Rodríguez

Apreciadas lectoras y lectores de este mi blog, podéis comprobar que (casi) nunca opino de cuestiones políticas y escasa o tangencialmente de religión. De las primeras porque hace años, imitando a mi admirado Estanislao Figueras, me dije lo mismo que él: «Estoy hasta los cojones de todos nosotros». Después dijo que iba a dar un paseo por el Retiro para meditar…pero en realidad fue a la estación, se subió al tren y se dio el piro hasta Francia.

          Esta tarde ventosa, después de ver cómo Nadal nos sigue proporcionando buenos ratos y antes de que comience el duelo Atlético, me he dicho: ¡Voy a meditar!

          Meditando he llegado hasta la Moncloa. Durante el camino y antes de llegar a su boca, la del Metro, he ido pensando:

·        El presidente del Gobierno está en verdad afectado, compungido y sin duda hasta donde estaba don Estanislao.

·        Su estado emocional le impulsó a presentar la dimisión con carácter inmediato.

·        Dada su personalidad la inmediatez no lo habría generado ninguna ganancia y, para él si hay que morir, que sea ganando. Así que:

·        Demorando la decisión consigue:

o   Muestra que sin él, sin su partido, viene el caos o, al menos, la derecha.

o   Logra la unión de sus propios y socios.

o   Motiva al electorado, con lo cual, concluye:

1.   Medito hasta el lunes

2.   Dimito

3.   Convoco elecciones

4.   Presento de candidata a la Vicepresidenta

5.   Gana (gano) las elecciones…

Y yo que me llevo?

o   Paso a la historia como el Presidente que se sacrificó por España (toda) y propició que por primera vez una mujer fuera Presidenta de España.

o   Me abren las puertas de Europa de par en par.

No me negarán, amigos y amigas lectores, que mi elucubración está a la altura, o más, que cualquiera de los tertulianos que nos tienen invadidos los medios de comunicación.

Pues eso…aúpa Atlético.

miércoles, 10 de abril de 2024

Calvo

 Calvo

Santos Rejas Rodríguez

Soy calvo. Desde ayer. No he perdido el cabello, no. Sigo siendo un hombre de pelo cano, sonrisa abierta… Pero calvo de convicción. Y lo tengo testificado. Una fe notarial lo avala. Ante notario manifesté ayer que soy calvo; que desde mi más tierna infancia una pulsión interna me hace sentir calvo.  Toda mi vida he anhelado ser calvo y esperaba que se hiciera realidad con el paso del tiempo, pero los años pasan,  mi cabello permanece abundante y espeso y quiero finalizar mi recorrido terrenal calvorota.

Esperaba que cayera el cabello por sí solo o a causa de la gravedad y mi deseo se hiciese realidad, pero no se ha cumplido. El afeite de cabeza, la depilación, me haría sentir un calvo falso, un defraudador, y acentuaría mi malestar e insatisfacción. Así que me he declarado «Calvo de convicción» y el señor notario ha dado fe de que lo he manifestado en su presencia.

        Espero que desde este instante, en la que hago pública mi actual condición, se acepte mi imagen y que mi pérdida de cabello, virtual, sea tratada con el respeto que se merece y se entienda que no es producto de un capricho transitorio sino consecuencia de un deseo interno, insidioso, e incapaz de controlar.

Así mismo quiero, o mejor exijo, que en las reseñas físicas que existan (en la hacienda pública, cuerpos de seguridad o penitenciario) o en las que se hagan en el futuro  sobre mi imagen, quede reflejada mi condición de calvo y se elimine cualquier referencia a mi cabello y su textura o colorido, de otro modo se estaría conculcando mi derecho a la propia imagen, distorsionando mi realidad existencial y me podría provocar perjuicios de incalculables consecuencias tanto en mi estabilidad emocional como en el coste de la terapia que fuera necesaria.

¡Átame esta mosca por el rabo! Musitaría mi padre en su desconcierto.

Pues eso…

lunes, 1 de enero de 2024

Como niños

 

Como niños

Santos Rejas Rodríguez

    Un libro, cuando te nace, es tan caprichoso como un niño. Y este regreso, el de Eti, en su tercera andadura, no ha sido una excepción. Nació el día 25 de diciembre, navidad, y se ha posado entre mis manos cuando ha querido: el día en que comienza el año nuevo, el 2024… capricho de niño recién nacido, aunque en libro. Pues eso.

Feliz año tengamos.

 Un abrazo.

Fuerte.

sábado, 30 de diciembre de 2023

Otros desiertos

 

Otros desiertos

 Santos Rejas Rodríguez

             Noticia:  «un hombre estuvo cuatro años muerto sentado frente al televisor».

     En estas latitudes tendemos a alejar los muertos de nuestro lado. Alguna reacciones irán por la vertiente del humor negro: trivialización del suceso y construcción del muro que impida penetre la noticia hasta la médula y produzca el indeseado estremecimiento. Pero si no nos da tiempo a levantar la barrera, si la noticia atraviesa la capa del alma y se introduce hasta alguno de esos rincones desconocidos para nosotros mismos, el escalofrío se produce. Intenso.

¿Quién no se conmueve al leer que: «estuvo sentado durante cuatro años en su sillón frente al televisor sin que nadie se enterara de su muerte?». Repito: «sin que nadie se enterara…».

A un hombre, en una ciudad de miles de habitante, nadie, ni una sola persona, le ha echado de menos en cuatro años... posiblemente porque también estuvieron contemplando la televisión.

           


Al escritor le suele surgir al final de su relato una frase, una palabra, que deje poso. De Saramago la tomo en préstamo: «desierto no es aquello que vulgarmente se piensa, desierto es toda ausencia de hombres, aunque no debemos olvidar que no es raro encontrar desiertos y secarrales de muerte en medio de multitudes».

Pues eso.

viernes, 10 de noviembre de 2023

De la obediencia y tal

 

De la obediencia y tal

Santos Rejas Rodríguez

Una de mis aficiones fue la de visitar librerías, de nuevo o viejo, pero con librero dentro, costumbre en vías de extinción al igual que las referidas. Por desgracia.

No recuerdo haber salido de la visita sin un libro en la mano y, en todas las ocasiones, es decir: siempre, tuve la sensación de que el libro me había elegido.

Ahora hay textos, mensajes, citas, reseñas… que emergen de entre el batiburrillo que nos cae encima, en ocasiones en forma de granizo devastador, tan duro como piedra, y me produce idéntica sensación de lo dicho para los libros: me eligen.

Hoy,  releyendo un libro olvidado, he hallado entre sus páginas una reseña pretérita, de vete a saber cuándo:

            «Todos los mártires de la fe religiosa, de la libertad y de la ciencia han tenido que desobedecer a quienes deseaban amordazarlos, para obedecer a su propia conciencia, a las leyes de la humanidad y la razón. Si un hombre solo puede obedecer y no desobedecer, es un esclavo». (Erich Fromm, El hombre ha perdido la capacidad de desobedecer).

La razón de haber sido elegido, en momentos concreto de la vida, por un libro o un texto como el que acabo de reseñar, y por qué me lo ha puesto en primer plano, y aquí, y ahora, sería tan complejo de explicar como hacerlo sobre el amor a primera vista: ¿Un guiño? ¿Un advertencia? ¿Un aviso a navegante? ¿Casualidad?... Se siente. Se intuye. Se paladea. Se disfruta o amarga. Hace soñar o impide el soñar, pero no se explica. Como el amor a primera vista, tan enigmático él.

En estos tiempos de analistas y opinadores, que han crecido como las setas tras la lluvia de otoño, ahí se lo dejo para que disfruten dando sus sesudas opiniones, consejos y directrices de obligado cumplimiento.

Pues eso.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Sentires ocultos

 

Sentires ocultos

Santos Rejas Rodríguez

En aquellos tiempos era usual que los mayores tuvieran tarjeta de visita. En ella se consignaba nombre, apellidos, domicilio y oficio o profesión. Por casualidad, determinismo o vaya usted a saber, un día encontré la de mi padre y, lo más sorprendente, descubrí un secreto bien guardado: lo que se ocultaba tras la Z.

He dicho que encontré la tarjeta. En realidad había estado a la vista siempre encima del escritorio, dentro de su cajita, pero de niño no despertó mi curiosidad y más tarde, como buen adolescente, ejem, ejem, pasaba de tarjetas de visita, de la vida en general y de la madre que la parió. Bastante tenía con mis comeduras de tarro. Estar rayado, se dice hoy.

En la tarjeta ponía: Z. Vicente Rejas Portillo. En una primera lectura tomé la Z por una D, pero mi padre era hombre llano, por lo que volví a releerla. Con ella en mano me presenté ante mi progenitor: ¿Qué quiere decir Z.? Mi madre, como picada de avispa, me hizo gestos disuasorios, pero ya estaba dicho lo dicho. Para no ser cansino: Zacarías. Mi padre, de primer nombre se llamaba Zacarías. Y yo sin saberlo.

Un día, el de su muerte, entre otras cosas escribí: «con él tengo muchas conversaciones pospuestas, perdidas ya. Nos faltaron, en especial a mí, palabras que transmitieran los afectos que nos sentíamos. Intensos, muy intensos, adivinados pero embargados por la timidez de la expresión, por el miedo escénico, incomprensible pero insuperable a decir: ¡te quiero! ¡te necesito! o, siendo un niño y aún después: ¡Siento miedo cuando no estás!».



Olvido muchos cumpleaños. Cuando no es el día es el mes, o el año… Hoy, mi padre, hubiera cumplido años. Desde que descubrí que nació el 5 de noviembre, día de san Zacarías, nunca olvidé felicitarlo. Ni antes, ni ahora.

Murió hace relativamente poco, pero su ausencia se me hace muy larga…

Pues eso, padre, que felicidades un año más estés donde estés. Y que sepas que te quiero.

domingo, 10 de septiembre de 2023

PUNTOS SUSPENSIVOS

 

Puntos suspensivos

Santos Rejas Rodríguez

Hace pocos días una entrañable amiga, con mi última novela entre sus manos, me preguntó: ¿sigues con tus puntos suspensivos?

No, no voy a hablar de mi libro... aunque tampoco pensaba escribir sobre entrañable, pero es tan bonito el término que me resisto a pasarlo por alto. Entrañable: que inspira gran afecto, que viene de lo más hondo y querido, desde el corazón, la entraña más oculta y protegida para bien… y para mal.

Esta amiga me corrigió en su día mis cuentos, de los que tampoco voy a hablar, y me resaltó el uso, y el abuso, que hacía de los tres puntos en hilera. Y sí, esta reseña va de ellos.



Lo dicho por mi amiga me hizo reflexionar sobre el uso literario que hacía de dichos puntos y si también eran habituales en mi vida cotidiana. Si los empleaba para expresar mis temores, dudas, algo inesperado o extraño… inseguridades. Los «No sé si…», «Debería preguntarle…», «Espero que…»,  «¿Vendrá o no vendrá…?», «¿Se lo digo…?», «¿Quiere que vaya o quiere que me vaya…». O sea: «ser…o no ser…esa es la cuestión».

Y sí, fui consciente que los plasmaba literariamente y estaban presentes, en gran medida, en mi modo de caminar la vida.

Entre la llamada de atención de mi amiga, entre aquellos cuentos y estas soledades, han transcurrido varios años, mucho escribir y muchas vivencias. Y he vuelto a reflexionar sobre su pregunta de ahora: ¿ sigues con tus puntos suspensivos?

Concluyo que sí, que sigo utilizando, en lo literario y en mi caminar del día a día, puntos suspensivos, pero… cada vez utilizo más el punto y aparte y, sobre todo, el punto final… y no precisamente en lo literario.

Es más sano... creo.

martes, 22 de agosto de 2023

La cosa de la calor

 La cosa de la calor

Santos Rejas Rodríguez


Cuando el calor (o la calor, como se decía antaño por mi tierra) aprieta como está apretando, el ser humano, incluido yo, puede caer en desvaríos que con anterioridad al cambio climático no se producían.

Mi caída la ha propiciado un libro: El chirrión de los políticos, de Azorín. Es cierto que tras la lectura de la «Annotacion» que precede a su comienzo no he podido resistirme a trasladar a esta cuartilla y media,—no va a llegar a página—, algunos entresacados de este y dejar para otro momento de inlucidez calurosa el texto del libro. Cito:

«Lo de “chirrión” puede ser tanto el carro con las ruedas rechinantes como el látigo del Mayoral. La fantasía de Azorín es una descripción, entre cómica y lírica, del ambiente de los políticos»…mi incipiente salivación se detuvo al leer que se refería a los políticos de la Restauración, ¡me cachis!

«La sátira de Azorín es útil y sirve para entender el papel que tuvieron los intelectuales de la generación del 98 en la debelación del régimen parlamentario…».

Tuve que detener la lectura para informarme que debelación significa: vencer al contrario por la acción de las armas o de los argumentos.

            «Un lenguaje de los políticos sumamente retorcido, anticuado e hipócrita tenía que chocar contra el nuevo estilo límpido y vanguardista de los intelectuales del 98 y sucesores».

La diferencia con la situación actual es que carecemos de una clase intelectual que critique con gracia a los políticos. Es más, lo que llamamos lenguaje polítiqués contagia también a los intelectuales.

Perdón, perdón. Olvidé entrecomillar el párrafo anterior. El comentario se refería a lo que pasaba en aquellos entonces. Cuando se publicó el libro. Ahora no ocurre.

¡Qué disparate!

En estos tiempos que corren hay una clase intelectual, e incluso varias, para dar y tomar. Petan los medios de comunicación, llenan las tertulias, critican con gracia a los políticos…¡Y sin contagio que valga!

¡Faltaría más!

Pues eso.

            La calor.

domingo, 14 de mayo de 2023

De Médicos

 DE MÉDICOS

 Santos Rejas Rodríguez

 En un mes de mayo, y bajo el mismo título, escribí y publiqué en mi columna del Diario HOY de Extremadura, lo que sigue:

«Uno de los recuerdos que me alimentan está relacionado con el «médico de cabecera», como se llamaba entonces. En aquel entonces en que tener un médico a la cabecera de la cama cuando algún miembro de la familia enfermaba era esencial para la curación. 

La secuencia del rito era como sigue: malestar, termómetro de mercurio bien bajado y puesto en sitio pertinente, a saber:  primero en una ingle y después en la otra. Mera comprobación. Aviso al médico para explicarle síntomas y fiebre. Transcurrido un tiempo moderado acudía, maletín a la mano, al hogar febril. Se encaminaba al dormitorio del doliente, por lo general sin necesidad de guía, y principiaba con el oteo de garganta y oídos como preludio del frío fonendo a pecho y espalda. Silencio familiar expectante hasta el posterior lavado de manos, las del Médico, y explicaciones simultáneas a la prescripción de fármacos. Un ¡hasta mañana!  Y así los sucesivos días.

 


Las visitas de supervisión de la enfermedad eran, en realidad, las que de un modo más eficaz contribuían al restablecimiento del enfermo y servían de medicina al resto de la familia. 

Ya no existen los médicos de cabecera. Ahora se llaman de atención primaria, creo. Y los a domicilio, de urgencias. Y distintos de una a otra incidencia o repetición de visita. Ni los conoces ni te conocen. En ocasiones ni el idioma. Globalización de la ciencia médica, podríamos decir. Además, por lo que leo, hay pocos de todo: especialistas y de atención primaria. O quizás están mal repartidos.  Y las expectativas no es que sean halagüeñas. Ni hablar de nuevas facultades de medicina. Clausus feroces en las existentes. Todo para preservar calidad y salarios…

Claro que, puede suceder, que formemos excelentes profesionales para que ejerzan sus conocimientos en países de allende. Y aquende arriben de otros pueblos en el que no utilizan papel de fumar, o poco…».

 ¿Cuándo escribí este artículo?: Hace siete días cumplió quince añitos. Pues eso.

 Por cierto en aquella ocasión lo finalicé así: «En recuerdo, imperecedero, de los Doctores Rafael Martín- Santos y Vicente Guerrero», que hoy repito.

domingo, 23 de abril de 2023

La vocación y (o) la vida

 

La vocación y (o) la vida

Santos Rejas Rodríguez

Naces a la vida dando berridos y, tras una pausa más o menos larga, comienzas a caminarla. A cuatro patas. Tan ricamente. Y así continuarías si no fuera porque una mano envidiosa, y adulta, se agarra a la tuya y te obliga a hacer la andadura a su imagen y semejanza. 

Bípeda. 

Te convierte en un bípedo.

No lo sabes, pero acabas de cagarla. Desde ese momento tus pasos se encaminarán sin remedio a una etapa de contrasentidos, incertidumbre y desolación: la adolescencia. La época que te marcará. La que te pone de cara al: ¿ qué hago con mi vida? Y en la que planeas tu futuro. Quiero ser: «piloto, fontanero, médico o explorador de lo no explorado o... yo qué sé», entre otras opciones igual de absurdas.

Tras idas y venidas y vueltas y revueltas («¿dime amigo a dónde vas?»), y dado que en esa etapa inmisericorde quieres ayudar a los seres humanos, incluido el que te jodió el caminar a cuatro patas, decides, por ejemplo, ser psicólogo. Como eres de ideas fijas y decisiones firmes, dedicas los cincuenta o más años de vida a limpiar traumas ajenos y otras bajezas de la alfombra. Misión cumplida, a disfrutar del retiro y a la espera del desenlace.

En alguna ocasión he mencionado que existen vocecitas cabronas. Añado que también las hay muy hijas de puta: «¿a lo que dedicaste tu caminar, bípedo, era tu verdadero destino?» pregunta la vocecilla aludida, y añade sin respiro: «¿le ha dado sentido a tu vida?, ¿mereció la pena? ¿en el desnacer te despedirás con la sonrisa del deber cumplido o con el berrido de la nascencia?».

Meditando respuestas una semilla germina y eclosiona: ¡No! ¡Ni por asomo! ¡No era eso, no era eso!



Y el grito, surgido desde lo hondo, sin piedad alguna, te suelta: «tenías que haber dedicado la vida a sexador de aves y gallero profesional, como don Luis Macarena, el Cojo». Y remata: «El cambio de las cuatro patas a dos y el trancazo de la adolescencia fueron los culpables de un desvío que ya no tiene vuelta atrás».

Pues eso.

domingo, 19 de febrero de 2023

Otro hilo...

 

Otro hilo…

Santos Rejas Rodríguez

Hace tiempo, cuando aún me faltaba una jartá de años para ser un jubilado con múltiples tareas que realizar de la mañana a la noche, escribí un artículo en el Diario HOY, titulado «Al hilo…», y que comenzaba de así:

«Al hilo de la muerte a puñaladas de una joven por dos supuestas amigas y cuyo principal objetivo era el salto a la fama, trágico salto por cierto, políticos, jueces, defensores de menores y otros representantes sociales se han pronunciado a favor de que la edad penal se eleve a los 18 años.

Personalmente he defendido desde siempre la medida argumentando, entre otras razones, que si no se les considera con suficiente madurez para votar, tampoco para entrar en la cárcel…».



Se acaba de aprobar una ley en virtud de la cual una joven mayor de 16 años y menor de 18 puede abortar por decisión propia y con el único permiso de sí misma.

Con la entrada en vigor de esta ley me ocurre lo mismo que no entendía cuando la edad penal era a los 16 años, o sea: ¿por qué una mujer de 16 años no tiene derecho al voto? ¿Qué impide a esa edad que pueda decidir en los asuntos sociales, políticos y económicos de su país y que afectan de modo tan directo a su vida, trabajo, formación…?  

Me gustaría que quienes tienen en sus manos el poder legislativo respondieran a los interrogantes y, si no es mucho pedir, también a este otro hilo surgido de la ley que permite abortar pero no votar: ¿no hubiera sido más sencillo modificar la Ley 33/1978, de 16 de noviembre sobre mayoría de edad y establecerla a los 16 años? pero al impedirlo, en este momento, el artículo 12 de la Constitución el camino más corto es la modificación de la Ley electoral con el apoyo, esta vez sí, de quienes han propiciado  el aborto de las menores de 17 años y mayores de 16 con plena autonomía».

Pues eso…

domingo, 9 de octubre de 2022

ONCOAYUDA

 Próxima la navidad...

Queridas amigas, queridos amigos, familia: Un año más la Fundación Oncoayuda ha prestado ayuda psicológica gratuita a pacientes oncológicos. Esta prestación, así como las restantes: prevención y tratamiento del tabaquismo, salud bucodental, apoyo social, investigación oncológica…es posible gracias a la generosidad de colaboradores voluntarios y a vuestras aportaciones económicas.

Soy uno de los patronos de la fundación, en concreto coordinando el área de la prestación psicológica. Mi deseo, de cara a los próximos meses, al menos los dos últimos del año y los primeros del próximo, es duplicar la consulta de psicología con objeto de eliminar lista de espera y que los pacientes reciban con inmediatez la ayuda precisa.

Con una pequeña aportación lo podemos conseguir. Os adjunto la dirección de nuestra web a través de la cual nos la podéis hacer llegar:

 https://www.fundaciononcoayuda.com/colaborar/

Gracias como siempre. Con mi cariño.

Santos

Pd. ¡¡¡Y toda aportación se desgrava en la declaración de la renta, es automático!!!


martes, 20 de septiembre de 2022

Despedidas...y reencuentros

 

Despedidas… y reencuentros

Santos Rejas Rodríguez

Septiembre de 1993. El tren se aleja y la mirada compartida salta en pedazos como carámbano pisoteado. Los ojos de la viajera buscan un punto de aterrizaje para posarse. Quiere evitar que la acuosa cortina que los humedece se convierta en torrentera. Necesita llenar el vacío de la ausencia.

El marcador facilita la apertura y el libro se ofrenda. Unas líneas manuscritas cuelgan de la cita impresa: «como la cal blanca de las casas de los pueblos andaluces. Como Mojácar. Como el aire tibio del Generalife».


Y el recuerdo de los días pasados, su luz y aroma…y la fugacidad de la vida, gira en su interior como ocupantes de noria que ha perdido el rumbo.  Sus ojos se cierran para combatir el vértigo. Y el blanco transmuta al gris opaco, casi negro.

Setiembre de 2022, al filo de la tarde incierta, un aviso en sordina indica la llegada del mensaje. Una fotografía llena la pantalla del teléfono. El destinatario, el que un día contempló desde el andén lo efímero que es lo eterno, descifra con dificultad lo que un día escribió en el libro obsequiado a la viajera: «En un corazón tan blanco se aprecian mejor las heridas y necesitan manos que curen, que detengan el dolor que se escapa por ellas. No cualquier mano sirve. Por eso, cuando se encuentran las que calman el dolor, las que llenan de vida, las sujetamos con las nuestras y no las dejamos escapar. Las estrechamos tan profundamente contra nuestro corazón que ya nos son propias, insustituibles, eternas. Madrid 14-9-93. Fin de trayecto ¿o parada? Momentánea».



Una sonrisa, huérfana de la nostalgia que tiñe recuerdos, se cincela en el rostro del lector.

La vida.

Tan inconmensurable y sobrecogedora.

Tan llena de instantes eternos….

Gracias, Javier.