sábado, 28 de julio de 2018

Preguntas sin respuestas


Pregunta sin respuesta

Santos Rejas Rodríguez


«El asesino suele regresar al escenario del crimen». El dicho vino a mi mente cuando decidí adentrarme en el mirador al mar en el que meses antes dos hombres ocupaba la primera línea de miradas.

En aquella ocasión, verano también y probablemente julio, llamó mi atención su hablar pausado, de silencios entrecortados; la botella de vino blanco más que mediada, pese a la temprana hora de la mañana y su aroma nórdico, a vikingos viejos o marineros de aguas insondables.

Al adentrarme hoy en el lugar mis pasos se detienen en seco. El potente frenazo lo motiva el escenario: ¡Siguen ahí! ¡Son ellos! Y los recuerdos se abalanzan en tropel. El día que marché del mirador, la camarera estaba posando en su mesa un barreño con botellas de cerveza inmersas en minúsculos icebergs y una fuente de lonchas de jamón…¡en este preciso instante es la escena que se desarrolla ante mis ojos!

¿Con mi marcha se detuvo la acción? ¿Se ha reanudado con mi presencia? ¿Es fruto de la casualidad… en la que no creo?

Cuando mis dedos, con disimulo, se disponen a pellizcar una zona sensible de mi cuerpo para cerciorarme de que no estoy soñando, la voz inconfundible de Françoise me cala hasta los huesos: « les yeux dans ses yeux et la main dans sa main…».




La música, la voz soñada de Hardy, la desgarradora letra de amor; de desesperanza, incertidumbre, tristeza, su «ir sola por las calles, con el alma en pena, mientras chicos y chicas van de la mano» y la pregunta de adolescente, trasmutada al hoy de adulto, de cuándo llegará el día que «j’aurai le cœur heureux sans peur du lendemain», asola mi alma e, incapaz de responder a lo de para cuando el corazón feliz y el futuro ausente de temores, para cuando unos ojos en los ojos, una mano en la mano...huyo por donde he venido.

Mientras me alejo, la vocecilla interior, tan impertinente, repite en mantra: «Mala cosa lo del volver».
(Las cosas que tiene el verano. El calor y tal…)

sábado, 2 de junio de 2018

¿Era para esto? Creo que no


¿Era para esto? Creo que no.

Santos Rejas Rodríguez


Antes de adentrarme en el charco cuya profundidad intuyo, dado que estamos en un país democrático, y con libertad de expresión, pero que si opinas de modo diferente a quien te lee o escucha corres el riesgo de ser tachado de «facha», «rojo» o término similar que denota la riqueza de lenguaje de quien emite el vocablo –democracia, libertad de expresión y capacidad, no tienen porqué ir de la mano- quiero reseñar aquí y ahora, para evitar elucubraciones y facilitar epítetos, que tras mi marcha del CDS siguiendo a Suárez me sentí cómodo en IU hasta la fagocitosis por Podemos. Mi voto desde entonces  está huérfano.

Dicho lo anterior, y si alguien es de ofensa fácil, y aunque no sea la pretensión de lo que sigue, que no continúe leyendo la motivación al «Creo que no» en respuesta al interrogante « ¿Era para esto?».
Y creo que no, porque cada vez que he emitido mi voto ha sido a «favor de». A favor de una opción. De la opción más en consonancia con mi sentir social. Con las inclinaciones hacia políticas económicas, educativas, sanitarias, de igualdad… más acorde con mi sentir. Nunca he pretendido que mi voto sea utilizado como arma arrojadiza, ni «en contra de». Siempre a favor. No he sido partidario de hacer políticas para «echar» sino para «conquistar», para alcanzar la gobernabilidad por los votos de mis afines.

La moción de censura es un instrumento constitucional para circunstancias excepcionales con la que estoy de acuerdo, faltaría más. Pero si prospera, como ha sido el caso, es imprescindible regresar a la casilla de salida democrática, a las urnas, a dar la palabra a los ciudadanos para que ellos, nosotros, todos, marquemos el camino a seguir por nuestros representantes. Y sin demoras personales ni partidistas. Si no se procede de este modo el resultado de la moción de censura, su finalidad,  se falsifica y prostituye.


Se falsifica porque de la unión de políticas tan contrapuestas para su logro, tan en las antípodas de las que por separado optaron sus respectivos votantes, ha emergido un ser que no lo reconocería ni la madre que lo parió.
Se prostituye porque quienes votaron unas políticas sociales determinadas no pueden reconocerse en un gobierno que no solamente renuncia a ellas, sino que cohabita con las de su oponente previo pago de unos presupuestos generales que hacen chirriar los ejes de la carreta.

¿Mal menor, que dicen algunos? Quizás, por formación o deformación profesional, no soy partidario de males. Cuando a un ser humano se le informa que se le ha detectado un tumor…pequeñito, en su interior solo resuena un «tengo cáncer». Ni pequeñito ni grande: ¡Cáncer!

sábado, 19 de mayo de 2018

Bla Bla Bla


Bla, Bla y Bla…

Santos Rejas Rodríguez

Tengo escrito en alguna parte, que ahora mismo no recuerdo ni me apetece localizar, una anécdota sucedida a lo largo de la inmisericorde guerra entre españoles, la última…hasta el momento.
Las tropas de uno de los bandos en liza estaban próximas a una población de los contrarios. La invasión era inminente. Por una de las veredas de salida del pueblo, opuesta a la de los invasores, escapaba un lugareño montado en su burrina. Una moza, pavera ella, lo interpeló:
— ¿Dónde va tan presuroso, tío Perico?
— ¡Huyendo de la quema, hija, que ya llegan los otros!
—Pero si usted nunca hizo daño a nadie.
—Lo sé hija, lo sé,  pero ¿Y lo que le he dado al pico?



Estamos en un país en andadura democrática desde hace unos años…Entre las libertades en uso está la de poder adquirir una vivienda allá donde se quiera, con las características que más se adapten a gusto y necesidad, y en función del poder adquisitivo. Todo sin necesidad de dar explicaciones a nuestros conciudadanos, ni de recibir críticas feroces por ello, ni escarnio, ni descalificaciones, ni cachondeo…salvo que, cuando alguno de nuestros paisanos han ejercido ese derecho le hayamos dado al pico, como el tío Perico, el que salía a escape de su pueblo montado en la burrina. Pues eso.

domingo, 8 de abril de 2018

Cómo nos vemos vs cómo nos ven


Cómo nos vemos vs cómo nos ven

Santos Rejas Rodríguez

Tengamos la edad que tengamos, y a más avanzada la divergencia es mayor, nos vemos de un modo y nos ven de otra: lo subjetivo y objetivo que diría un filósofo curioso o la disonancia cognitiva, que pontificaría un psicólogo masterizado. Un ejemplo, personal, sirva para ilustrar lo dicho.

Viajaba yo en autobús urbano cuando sentí unos golpecitos en el brazo: «— Señor, siéntese». La ofertante, mayor y de complexión  rotunda, 60 y 70 respectivamente calculé, me indicaba el asiento que acababa de abandonar. Mi primera reacción, confieso, fue de sorpresa y contenida indignación porque, tras mirarla en lo externo y mirarme internamente, concluí que la ventaja estaba de mi lado, o sea, que ella era quien precisaba el aposento.



Aseguran quienes creían que iban de cabeza hacia lo eterno que se visualiza en milésimas de segundo la película de la vida. En el acontecimiento descrito me ocurrió algo semejante ayudado por mi imagen reflejada en el cristal del autobús. Recordé que días atrás había estado en la que fuera la casa de mis padres y recuperé diversos objetos. Como no soy dado a portar bolsas de mano, hoy, al salir de casa, decidí llevarlos puestos: Una gabardina larga y holgada, amarilla abeja algo descolorida; las gafas negras, redondas y cumplidas, que usaba mi madre para evitar reflejos y el bastón blanco que utilizaba mi padre cuando, ya anochecido, caminaba por el campo.

Ocupado el asiento generosamente cedido por la señora pensé: Gracias al empirismo y fortaleza del Yo que poseo que sino una acción como lo acabada de sufrir hubiera reducido a cenizas mi autoestima…al menos hasta llegar al bar y compartir la cazuela de callos, y unas copas de vino, con mi amigo invidente, a quien le iba a hacer entrega de los recuerdos que portaba y que un día manifestó que le gustaría conservarlos por el cariño que tuvo a mis padres.

Pues esa es la cuestión: ¡Cómo te ves, cómo te ven! Laus Deo y lo que tenga que acontecer, que acontezca…o sea, que comiencen a cederte el asiento en el transporte público.

sábado, 31 de marzo de 2018

PAZ


Paz

Santos Rejas Rodríguez


Ni con su atributo de «santa» pudo imaginar Isabel, la de Portugal, que un día muy alejado de su muerte una plaza que lleva su nombre se inundaría de repiques de tambores y olores de incienso; de ese olor que ahuyentaba los rancios desprendidos de cuerpos de cofrades huérfanos del baño sabatino.

El repiquetear de tambores próximos es contestado por otro más alejado en clara respuesta contundente, violenta, agresiva…y cuando parece inevitable que los unos se abalancen sobre los otros, una voz dulce, apaciguadora, de armonía, hace enmudecer a la concurrencia portadora o no de tambor.

Durante el canto el espejismo de la concordia se proyecta sobre la recoleta plaza y sus habitantes. Espejismo que se desvanece a la par que el cántico cuando los palillos, de nuevo, baten recrudecidos contra la piel de los tambores hasta hacerse inmisericordes.



En ese instante, cuando la impiedad parece extenderse sin remedio hacia todo lo humano, arrasando lo divino que en ellos quedara, tu ausencia se me hizo presente silenciando el repicar de mis tambores íntimos e inundando mi interior de bálsamo de paz. ¡Tan esperada!

(Zaragoza, en el ocaso de un jueves…puede que santo)

domingo, 11 de febrero de 2018

La soledad del amante

La soledad del amante

Santos Rejas Rodríguez

No voy a tratar del «amado o el amante», ya lo hicieron Platón y Gala y por ahí han quedado sus escritos para lectores curiosos. La quinta acepción de la RAE define amante como: «persona que mantiene con otra una relación amorosa fuera del matrimonio». Por mi cuenta, amplío lo de matrimonio a «pareja habitual».

Sobre esta condición de amante, en los albores de San Valentín, «día de los enamorados», me dispongo a reflexionar. A pensar en el amante desparejado, el que ama en la soledad de la mano vacía, de la mirada sin respuesta, de la caricia ausente en el momento que la ansía porque que al ser el suyo un amor intermitente, hoy no toca.

De ese amante que espera a que llegue el día «del mañana sin falta», «que los niños crezcan», «que pase el mal momento» o el «ahora no es oportuno» y otras promesas, infinitas ellas, que no acaban de cumplirse y que, presumiblemente, no lleguen nunca. ¿Por cobardía?  No. Por falta de amor de quien promete, por inexistencia del amor que rompe barreras para unirse a quien ama. Por ser un amor tramposo. Por no ser amor...



El amante que está dentro del matrimonio, asido a su pareja habitual, tiene el calor de la compañía diaria, del entorno seguro, de la vida cotidiana reglada…con sus sinsabores y quejas, sí, pero es la que mantiene, en la que persiste, la egoístamente conservada mientras el amante disparejo huele rosas marchitas, siente, sueña y ama en su rincón de soledad.
«Si tú no estás aquí no sé/qué diablos hago amándote», canta Rosana.

Pues eso, que además del 14 de febrero de 1929 hay otros san valentines sangrantes y no precisamente en Chicago.

martes, 16 de enero de 2018

¡Impacto!

¡Impacto!


Santos Rejas Rodríguez


He leído que el ayuntamiento de Madrid ha realizado, o encargado, un trabajo sobre «Impacto de género por el soterramiento de la M-30». Ignoro los pormenores pero sí he escuchado la justificación de un economista, en concreto del Sr. Garzón que, más o menos, ha dicho: ‘dado que la mujer utiliza más el transporte público que el hombre, el soterramiento es favorable para el género masculino que utiliza más el automóvil’.

Imagino, como aficionado a la investigación y a los análisis, que el estudio tendría como punto de origen el tránsito, por géneros, que soportaba la M-30 con anterioridad al soterramiento y la puesta en relación con el actual. Asimismo las muestras habrán sido estratificadas: tramos de edad, niveles socioeconómicos, profesión, peso del género por circulación según horarios…y estado de satisfacción, antes y después, según encuesta de población, tanto de viajeros en coche privado como público, y peatonal. 

Puede que la conclusión haya sido que, en efecto, el enterramiento de la M -30 beneficia más a hombres que a mujeres. ¿Y ahora qué, me pregunto? ¿Mejor ciegos que tuertos? ¿Se tapona? ¿Qué tramos? ¿Desde el Calderón a Legazpi? ¿Desde Pirámides a la salida a Toledo? ¿Dejamos como está, pero poniendo la cara colorada a la herencia recibida? ¿Servirá para que se realicen estudios de impacto de género previos a soterrar otras como la de la Gran Vía madrileña? ¿Elaborados por los servicios técnicos del ayuntamiento o por empresas ajenas?

Y aquí lo dejo, que he visto a Martirio «apoyá en el quicio de la mancebía» y quiero analizar el impacto con el de los ojos verdes…mayormente por ver si habrá o no soterramiento. Pues eso.

lunes, 1 de enero de 2018

Reseñas del nuevo año

Reseñas del nuevo año

Santos Rejas Rodríguez

Madrid amanece en nuevo año. El Oso mira con desesperanza al inalcanzable madroño y el reloj, sin espectador que lo alimente, desgrana insonoras campanadas.

Una puta solitaria esquinea la calle de la Montera mientras en un rincón cercano fermenta el resto incontenido de un estómago apurado. En el silencio del perezoso amanecer resuena la prédica de un bebedor irredento condenando a la pena de infierno a los pecadores de alcohol.



El penetrante olor a incienso impregna la cumbre desde la que el Caballero de Gracia incita a mirar al cielo en busca de comprensión y aliento para seguir el camino que marque el nuevo año. Y quizás, en respuesta a un mirar hacia arriba, a un no se sabe qué, como en rodar de trueno, una voz ronca y provocadora, con aromas de Patxi Andión, canta al Madrid que acaba de agonizar un año más.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Ultima reflexión...de este año

Última reflexión…de este año

Santos Rejas Rodríguez

Estoy leyendo Origen, la última ocurrencia de Dan Brown. No voy a hacer la crítica, para eso están los especialistas o sesudos tertulianos. Tampoco desvelar nada que incomode a futuros lectores, spoiler los llaman los guiris y algunos gil hispanohablantes. Mi reflexión en este día del fin de año camina de la mano del título, Origen, y de los interrogantes ¿Quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos?

A buen seguro que los Neandertales, preocupados por lo del vivir, no se cuestionaron la trascendencia pero, al igual que soga y caldero, una vez resuelto lo primero, o sea el pan de cada día, y con los griegos al acecho, llegó el filosofar. Ellos dieron el pistoletazo de salida a los portadores de soluciones a los acertijos: del Big Bang a la evolución natural pasando por la creación mágica del cielo y la tierra y la costilla de Adán…hipótesis todas ellas válidas, pero no contrastables para dar respuesta a ¿de dónde venimos? Ni ¿a dónde vamos?

Diferente cuestión es ¿Quiénes somos? Y aquí, donde quería llegar, relato una anécdota personal: Hace unos años, esperando la fase de verde peatonal, observé en la acera de enfrente un grupo que, sin duda alguna, me señalaban y hablaban entre sí. Al cruzarse nuestros caminos, una de las integrantes me abordó: Perdona ¿tú eres…? ¡Sí! Respondí presuroso, ¡pero no lo digas! Y me alejé con precipitación mientras escuchaba a mis espaldas: ¡Veis como era él!

He recordado en muchas ocasiones el encuentro y he de confesar que alguna de las veces me he arrepentido de no haber tenido el valor de volverme y preguntar a la interpelante ¿Quién soy yo? Me justifico diciéndome que el conocerse, el saber de verdad ¿quiénes somos? ¿Quién soy?, está entre los miedos atávicos.  
Quizás en el nuevo año…

miércoles, 20 de diciembre de 2017

VISPERA

Víspera

Santos Rejas Rodríguez

Hace tiempo dejé por escrito que el ‘monotema omnipresente’ me interesa una higa. O al menos está en una posición tan bajuna como él mismo. Mi interés se centra en la familia y amigos, pacientes, la deriva de mi sexualidad y si la novela, a punto de salir a la luz de este mundo, tendrá buena acogida o, al menos, no será mal leída. También debo decir que la enumeración anterior cambia de orden según día y estado de ánimo.

Dicho lo cual debo constatar que hace unas noches sí estuve contemplando el debate a siete. Me recordó el juego de las siete y media, en el que, como decía Muñoz Seca por boca de don Mendo: malo es si no llegas pero ¡ay! si te pasas…si te pasas, es peor. Y como en el juego, todos se pasaron o  no llegaron según las cartas que la moderadora iba repartiendo. Los representantes de las diferentes opciones políticas, si se me permite el símil, sin ánimo de ofender dios me libre, se centraron más en hacer en humano lo que los canes al salir de paseo: cada cual marcó ‘su territorio’ de forma excluyente, eso sí, y por fortuna, de un modo más higiénico que el de los chuchos… aunque con idéntico hedor a ácido fénico.

Con las mimbres que a los espectadores nos mostraron poco cesto puede hacerse. Si acaso uno, de mala urdimbre y lleno de agujeros. Y no soy pesimista.



Con lo ‘del mal de Cataluña’, por calificarlo de algún modo, ocurre como con La Parrala: unos decían que sí, otros decían que no…pero ninguno sabía/el porqué de la agonía/que la estaba consumiendo.

¿O algunos lo saben? ¿Y tienen el remedio? Tras escuchar a los siete, que no magníficos, escasas esperanzas (me) caben. Al tiempo.

martes, 3 de octubre de 2017

¿Y S. M. el Rey?

¿Y S.M. el Rey?

Santos Rejas Rodríguez

Soy uno de los españoles que contuvieron el aliento aquel lejano 23 F hasta la comparecencia del entonces rey de España don Juan Carlos I. Respiré con alivio, descansé unas horas y reanudé mi actividad familiar y laboral de cada día.
No pretendo comparar aquella situación con la que se está viviendo en Cataluña. Nuestra Cataluña. En aquellos entonces el golpe de estado habría conllevado desgracias irreparables, pérdidas de vidas de quienes estaban gestando la pacífica transición democrática. Tampoco voy a minimizar la gravedad de la situación en la que hoy estamos inmersos todos los españoles, queramos o no.


¿Dónde está en estos momentos el rey de España? ¿La situación es tan baladí que no precisa de su presencia y arbitrio regio? ¿Sus consejeros son tan clarividentes como los de los gobiernos de España y Cataluña y le están manteniendo al margen? ¿O ya dan por hecho que dentro del reino de España estará ubicada la república de Cataluña?
Ignoro las respuestas a los interrogantes pero ¿no es natural que cuando una parte del reino está en peligro el mayor interesado en resolver el conflicto sea el rey? Porque si no es así habría que cuestionar la pervivencia de la institución…
No seré tan atrevido como para decir eso de ‘si yo fuera el rey…’, pero desde luego, si por unas horas lo fuera, saldría en todos los medios de comunicación para anunciar la disolución de las cortes, las generales y la de Cataluña, mandando a todos los actuales representantes políticos  al paro.

¿Y después? Peor de lo que hay…

domingo, 24 de septiembre de 2017

¡Tiempos!

¡Tiempos!

Santos Rejas Rodríguez

Hace unos años, no demasiados, si una persona iba hablando sola por la calle ya fuera bisbiseando o en alta voz, se la miraba con compasión o condescendencia; algunos buscaban la mirada cómplice de otro transeúnte para esbozar la sonrisa de comprensión o, con disimulo, esbozar un gesto de flojera de tornillo. Eso sí: si el hablante solitario añadía a su incomprensible discurso aspavientos de brazos, cabeza u otra parte corpórea, lo habitual era apartarse con presteza de su camino.

Ha pasado el tiempo y su transcurso nos ha dado las claves de aquellas extrañas conductas. Los hablantes que así se comportaban eran probadores de la telefonía inalámbrica. Insiders, en pedante. Los gesticulantes, youtubers. ¡El tiempo! ¡Cómo coloca todo en su sitio!


Aquellos adelantados fueron los artífices de que en el presente el gentío hable por calles, plazas y conciertos en soledad entrañable. El comportamiento actual es el socialmente aceptado y aceptable, y por esa razón quienes transitan en silencio, ausentes sus manos de Smartphone que arrimar a la oreja, causan recelo, incomprensión, desprecio y, porque no confesarlo: ¡Miedo! ¿Qué estarán tramando? ¿Porqué andurriales vaga su pensamiento? ¿Qué secreto atroz guardan que no comparten con la masa parlante? Si ocultan… son culpables.
El tiempo dirá en qué conjura se hallan metidos pero… ¿No sería conveniente formar una comisión, o mejor un observatorio para tratar de descifrarlo aquí y ahora? Quizás estemos a tiempo.

¡Uf, qué calores de nuevo!

sábado, 16 de septiembre de 2017

Preocupaciones y prioridades

PREOCUPACIONES Y PRIORIDADES

Santos Rejas Rodríguez

-¿Le preocupa la situación que se está viviendo en Cataluña?
-Lo que me preocupa en este momento es mi sexualidad. Hay segmentos de edad en los que por causas intrínsecas y/o exógenas no es fácil mantener una actividad sexual saludable y satisfactoria. Me explico y aclaro. Por un lado vagan pensamientos, deseos, apetitos, en una palabra integrantes del Eros que luchan con los independentistas: disminución del vigor físico, incremento del cansancio, aburrimiento, desgana, etc. componentes del Tánatos. O, como diría un filósofo desocupado «un quiero y no puedo o un puedo y huyen».
-¿Qué me dice del independentismo?
̶ No es cuestión baladí el peso, negativo, que tienen los agentes externos para lo del mantenimiento o inmersión en profundidades irrecuperables de la cosa del sexo. Me refiero a los coprotagonistas necesarios para la interacción sexual. En un momento dado, quizás abatidos por la edad, se independizan, se alejan en bandadas del corpus sexual para posarse en caminatas sin norte, retorcidos pilates, gimnasias artríticas, viajes alrededor de sí…





-Pero ¿libertad para votar?
-Eso sin hablar del culto a museos en penumbras, conciertos preñados de silencio interior y la sublimación en talleres de escrituras -poesía incluida-, pintura de agónicos pinceles, melosos barros alfareros y el culmen: desplazamiento de pulsiones y sentidos hacia instrumentos  como la guitarra, trompa, viola o saxo, tan apreciados por los psicoanalistas.
-Pero ¿lo del referéndum que viene?
En este punto me va a perdonar que abandone aquí mi opinión sobre el preocupante y enjundioso asunto de su entrevista. Una voz interior, muy apreciada y conocida desde el nacimiento, me acaba de sugerir que deje el monotema y gritado desde lo hondo: «Como vaya te canteo la cara». Y si no hago caso, que se lo hago, viene y me la cantea. Pues eso: el invierno se acerca y los caminantes no sienten frío.

sábado, 19 de agosto de 2017

Arco asombrado

Arco asombrado
Santos Rejas Rodríguez

“El asesinato es una forma de actuar impropia, altamente inadecuada, y no me importa decir que todo hombre que interviene en un asesinato tiene un modo de pensar muy incorrecto y unos principios muy erróneos (…). Pues si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasar a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes’.
Ensimismado en el párrafo anterior llegué a los aledaños de la plaza mayor de Cáceres dispuesto a sumergirme en la ‘parte antigua’, como la llamamos coloquialmente. Venciendo el impulso de adentrarme por el lateral del arco en esviaje, facilitador de la buena marcha de  carruajes, me dije que subir escaleras es ejercicio aconsejable y decidí atacar de frente la subida hacia la Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Y el atacado fui yo.



No podía creer lo que mis ojos contemplaban. Parasoles inmensos ocultaban parte del Arco de la Estrella abierto en la muralla de acceso al recinto. Quizás sea, me dije, algo puntual…el rodaje de una película tras el de Juego de Tronos…Pero no. Una persona amable, empleada del establecimiento hostelero, me informó que la terraza con sus parasoles gozaban de la correspondiente autorización del ayuntamiento cacereño…
Mientras me alejaba, y sin duda como mecanismo de defensa por el asombro de la sombra, mi mente retornó al escrito de DeQuincey  ‘Una vez empezada esta marcha cuesta abajo, no se sabe nunca dónde pararse…”
Y en esa meditación hubiera continuado de no ser por una frase salida por las ventanas de uno de los palacios, puede que del episcopal, que con el acento inconfundible de Zidane, decía ‘Ahí pasa algo’.
Y me adentré en la Concatedral de Santa María para unas preces…por ver si…

domingo, 23 de julio de 2017

Intrascendencias de verano (1)

Intrascendencias de verano (1)

Santos Rejas Rodríguez

Dos hombres ocupan una de las mesas de la primera línea del mirador al mar. Llama mi atención su hablar pausado, nutrido por silencios entrecortados. El ritmo me hace imaginar el balanceo de un barco: ora a babor, ora a estribor, surcando un mar en calma. Seguro, me digo, han sido pescadores…de bacalao…en heladoras aguas del Ártico…

Tienen ante sí, equidistante, una botella de vino blanco más que mediada, lo que me hace sentir pudor al solicitar un zumo de naranja, pero el largo paseo orilla del mar y lo temprano del día, las diez de la mañana, no me motiva a ingerir alcohol.



Su idioma, ininteligible, expande aromas nórdicos, de vikingos viejos, que unido al colorido de su piel, rosácea, y al cobrizo entrecano de cabello y barba, me reafirma su condición marinera por aguas insondables, alejadas de este Mediterráneo de chapoteo.

 Finalizamos a un tiempo las bebidas. Ellos su vino. Yo el jugo de naranja. La camarera deja sobre mi mesa la cuenta y en la de ellos un barreño cumplido de botellas de heladas cervezas y una fuente de lonchas de jamón.

Tentaciones me entran de unirme al dúo al son de «Háblame del mar, marinero…» pero no soy Marisol cantando la copla y temo ser mal interpretado…con el añadido de que, sino rudos, si parecen recios. Y fornidos. Así que fuime por donde vine. Por la mar, claro.

sábado, 15 de julio de 2017

Recuerdo...

Recuerdo…

Santos Rejas Rodríguez

Cuantificar el tiempo transcurrido desde el inicio de una ausencia eterna con las varas de medir usuales: horas, meses, años…resulta tan vano como la pretensión de vaciar el mar en los huecos que han ido hollando mis pies sobre la arena momentos antes de ponerme a escribir este recuerdo. La ausencia eterna es atemporal,  de presencia viva.



Por toda referencia diré que la partida se produjo un mes de julio, tan del ayer como el de hoy. Dejé una reseña del hecho, como hito, de la que entresaco: «Hace escasas horas que ha muerto un buen hombre. Un hombre bueno. Mi padre. Con él tengo muchas conversaciones pospuestas, perdidas ya. Nos faltaron, en especial a mí, palabras que transmitieran los afectos que nos sentíamos. Intensos, muy intensos; adivinados pero embargados por la timidez de la expresión. Por el miedo escénico, incomprensible pero insuperable las más de las veces, a decir «te quiero», «te necesito» o, siendo niño y aún después, «siento miedo cuando no estás», o de que me faltes».

Desprendo la mirada del horizonte del mar, tan engañosamente infinito. Me esperan. Reanudo el camino canturreando una copla a lo Paco Ibáñez: « la vida perdió, pero harto consuelo nos dejó su memoria».

Unas salobres gotas, desprendidas del romper de una ola, resbalan por mi rostro y una cálida sonrisa ensancha mi respirar…

domingo, 9 de julio de 2017

Pellizcos y contracturas

Pellizcos y contracturas

Santos Rejas Rodríguez

En autobús urbano de camino a casa. Una mujer, que algún tiempo muy atrás traspasó la media de esperanza de vida actual, desde la puerta de salida del vehículo, se gira. Su voz atraviesa a la concurrencia que abarrota el bus. Llega alta y clara hasta la destinataria: « ¿Mañana, entonces, qué?» Como rebote de eco, con idéntica intensidad y agudeza, la mujer aposentada, responde: «Ya te he dicho que iré a ver a los mariquitas. Que me caen muy bien. Que los pobres las han pasado muy putas». Se refería, claro está, a la cabalgata de la diversidad próxima a celebrarse. Diálogo tan real como es la vida mientras se vive. En otra ocasión transcribiré las diversas reacciones del público asistente.



«Que los pobres las han pasado muy putas» penetró como ariete hasta mi rinencéfalo, en su componente emocional, catapultándome a tiempos pretéritos, a aquellos en los que sin duda se las hacían pasar putas « a los mariquitas».
Y el rumiar se aposentó en mi pensar: ‘Si teniendo orientación sexual acorde con lo «socialmente establecido» se pasa emocionalmente putas al sentir el pellizco de una mirada en la propia ¿Cuál será el sufrimiento añadido al no poder corresponder? Si, además, el pellizco provoca contracturas en lo hondo, pinzamientos en el alma y dar respuesta a ese sentir conduce directamente a una cárcel, que en ocasiones se llamaba «modelo», ¿qué hacer?

En el escudo del duque de Toro figura el lema de «no hay barreras para mi, pues si hay barreras las salto»…pero «en lo más alto de su escudo, donde ostenta una cruz de luengos brazos, (hay clavadas) cinco banderillas blancas con ribetes encarnados», precio a pagar por saltar barreras...
En algunos lugares de este mundo irredento se siguen poniendo banderillas, y utilizando el estoque de matar, por asuntos del querer. Tremendo pero cierto. ¡sniff!

domingo, 25 de junio de 2017

Diversidad

Diversidad

Santos Rejas Rodríguez


̶  No diré que desde mi nacimiento, sería exagerar; pero sí que en los primeros años de vida ya sentí el cuerpo como ajeno. Perteneciente a otro ser. Incorpóreo, diría…Más tarde, con la llegada de la razón, tuvo lugar lo del género. Los en uso de la época no me identificaban. Los descubiertos más adelante, tampoco. Ni siquiera los intersexuales, transitorios o evanescentes. Así que con esa carga, o liviandad según se mire, comenzó mi andadura de vida.

Mis pasos me encaminaron al estudio de la bioquímica, física cuántica, antropología, filosofía existencial…hasta toparme con Plinio, el Viejo. Desde él, saltando de rama en rama, aterricé en la zoología: Aristóteles, Linneo, Lamarck, Mayr, Delmonte…y encontré mi universo: Sauria. Al hallar a los lepidosauromorfos sentí que había llegado a mis ancestros, al origen y fuente de quien soy; a mi familia vipérida, la que configura mi ser y fusiona mi sentir. Me siento, soy, un crótalo. Mis colmillos huecos, la foseta lateral, las escamas…y ese campanilleo y apetencia por presas de sangre caliente lo evidencian.



̶  Bien, por hoy terminamos la sesión. Puede incorporarse con suavidad y estirar los miembros.

̶  ¿Qué tal voy doctor?

̶  Progresando…

̶  Gracias. Hasta el jueves pues.

̶  Disfrute de la vida. ¡Tan diversa ella!

Pues eso.

domingo, 11 de junio de 2017

Meter las patas

Meter las patas

Santos Rejas Rodríguez

Soy de los de cruzar las piernas. Ignoro si es por genética, reflejo espontáneo o consecuencia de aquellos consejos, órdenes o advertencias que las ascendientes familiares –abuelas, tías, madres- con independencia del género y número, pero sí por el caso, es decir por ‘el si acaso’, nos hacían al inicio del pollear: «las piernas bien cerraditas». Así que los componentes de nuestra familia no somos de despatarre…en lo del sentar, claro.

Dicho lo anterior me adentro en el charco cenagoso del abrirse de piernas en boga y su inminente regulación, aunque quizás sea más acertado decir desregularización del aperturismo pernil; del practicado por el género masculino.
Usuario habitual del transporte público he observado, en efecto, a personas abiertas de piernas que ocupan su asiento y meten las patas, ambas por lo general, en los territorios colaterales. ¿Con la habitualidad de hacer necesario un indicativo urbi et orbi de «piernas cerraditas»? Si los expertos lo han considerado así, así debe ser.


Esperemos que los resultados sean más efectivos que los actuales de «asiento reservado» para señoras embarazadas, ancianos o personas con dificultades en la locomoción, que, salvo honrosas excepciones, no respeta ni dios. El personal se adentra en los vagones como si no hubiera un mañana para precipitarse al primer asiento libre. Una vez acogido en sagrado unos se enfrascan en el móvil, otros en el libro y el resto en sus musarañas interiores. Ninguno ve tripa de embarazo, muleta sustentadora o anciano inestable. O si lo ven, como don Tancredo en la plaza: estatua sedente.

Me pregunto el porqué con anterioridad –en la edad de piedra dirá algún lector- sin necesidad de indicativos ni reservas, se cedía de inmediato a embarazadas, lisiados o simplemente mayores de edad, el asiento. Y me pregunto de nuevo ¿por qué se ha perdido la costumbre? ¿Podría retornarse a ella? ¿No sería conveniente averiguar las causas y tratar de restablecer esas mínimas normas de convivencia? ¿El estudio exige un esfuerza neuronal del que  hoy se carece? ¿Esa incapacidad de los controladores sociales es lo que les ha llevado a proponer un muñequito más?

Lógicamente estoy en contra de que un ser humano limite e incomode el bienestar de otro. Pero cuestiono la eficacia del método que pretende regular el despatarre. De lo que sí estoy seguro es que el día de su inauguración, en la fotografía conjunta de los ingeniosos inventores, cada uno querrá presumir de «yo he sido el ocurrente» y todos lucirán la sonrisa habitual del «deber social cumplido» que tantas arcadas, incontenibles,  provocan. Al tiempo…

P.D.- Un mi amigo, sabedor del tema que iba a tratar, me ha rogado que proponga que entre los usuarios de los «asientos reservados» actuales se añada una imagen de permitir sentarse a personas espatarradas. Sufre una orquitis bilateral, insidiosa y contumaz. Reseñado queda, querido. Pero no sé yo si…

domingo, 4 de junio de 2017

¿Caduca el amor?

¿Caduca el amor?

Santos Rejas Rodríguez

Amodorrado por el calor sesteo en un parque arbolado sobre una cómoda silla de terraza. El sopor me impide concentrarme en la lectura del libro que me acompaña aunque lo mantengo abierto como escudo protector, sustituto de aquel cielo que cumplía esa función hasta el día en que, sin duda hastiado, nos abandonó a los caprichos del azar.

Rompe la placidez un dardo, en forma de frase, que atraviesa mi bruma haciendo diana mental: ̶  «Se han separado porque se les acabó el amor». Saciar mi curiosidad, escasa, para indagar la procedencia de lo dicho exigiría un esfuerzo incapaz de realizar, por lo que decido seguir en mi plácida postura de antiguo cochero.



La loca de la casa, el insidioso pensamiento, la rumiación obsesiva, todos ellos en conjura, trasmutados en pretenciosos tertulianos, opinan y debaten: ̶  « ¿Qué amor se les habrá acabado: el común, el individual, el propio?».  ̶  « ¿No será que el diálogo, la confidencia, el entendimiento en la mirada han perdido su brillo?».  ̶  « ¿O que el resplandor de la risa, de la sonrisa cómplice y fugaz, huyeron sin saber a dónde?». ̶  « ¿El silencio no compartido fue el pistoletazo de salida?».  ̶  « ¿O simplemente es que el amor, medido y pesado, tiene fecha de caducidad?». ̶  « ¿Se use o no?».

Una mosquita insignificante, alcohólica, se adentra en mi copa e interrumpe el guirigay. Retorno al libro abierto ante mis ojos. Huele a ácido fénico. Cada vez más. Y no sólo en Petrogrado... ¿Vivimos?