domingo, 9 de agosto de 2020

Pulgar

 Ese dedo pulgar

Santos Rejas Rodríguez

Es un dedo que no apunta ni señala, como su vecino índice; ni presume de su utilidad ni asume protagonismo. No lleva anillos como su compañero anular, ni horada la cavidad auditiva para atemperar picores, como el meñique ni, mucho menos, se denomina ˂˂corazón˃˃. Es un dedo escondido, a tras mano.

No hace sombra a sus compañeros de mano pese a su utilidad innegable: hace pinza con el índice para asir el útil con el que ahora escribo, para apresar a la aceituna que, solitaria en el platillo, se resiste a ser atrapada o para calibrar la pizca de sal que dará el toque de sabor al guiso…También para alzar la copa y brindar por el mejor invento existencial: la vida.

Un dedo que ha servido, y sigue sirviendo, como seña de identidad de quien no sabía o sabe refrendarla de otro modo, estampándolo en documento público o misiva llegada a un cuartel de los de antes…


Es el dedo que en el caminar de vida, asidas las manos, se hace presente cuando con la suavidad que le caracteriza, para no molestar, acaricia con dulzura el dorso de la mano que a la suya hace compañía…

Su ausencia en el envés de la otra mano, el abandono de su besar sin labios puede llagar de dolor los hondones del alma. O lo que haya por los adentros. 

martes, 4 de agosto de 2020

Cosas que yo escribí

AMORES DE VERANO

SANTOS REJAS RODRÍGUEZ

 

               Traspasar la barrera de la visibilidad tiene su aquel. Al principio no se es consciente de la transmutación. Al sentarte a una mesa de terraza, en la insoportable arena de la playa o en cualquier otro lugar piensas que todo el mundo te ignora porque cada peña va a lo suyo; que las conversaciones no se detienen por suponerte desconocedor del idioma, o simplemente, por la distracción que sufre la gente. 

Pero no, ha ocurrido, sin saber exactamente cuando, que te has vuelto invisible. Utilizando término al uso – más vulgar que cruel, diría- que ya no estás en el mercado del sexo complementario. Y hay casos que ni en el propio. La desazón es inevitable vistas como vistas el tránsito. Pero quien no positiviza estados irreparables e irreversibles es porque no puede. ¡Y mira que es fácil en verano! Basta con recorrer con la mirada cualquiera de los escenarios en los que ya eres mero espectador, para hacerte cargo de los sufrimientos en ciernes de muchos de los protagonistas. 


Por ejemplo: en este instante, a orillas del río Guadalquivir y la Torre de Oro como fondo, un nutrido grupo de ellos y ellas, comienzan a inspirar el engañoso aroma del jazmín que, al filo de la madrugada confundirán con la llegada del amor. Con ¡esta vez sí, te lo juro! ¡Que es de verdad, el que siempre soñé: ¡El amor de mi vida…! 

Y desde ese amanecer, a sufrir. A sumergirse en las aguas del temor a la pérdida de lo recién adquirido; a la insoportable espera de la siguiente cita, al retorno a la angustia inconmensurable de la adolescencia ya superada con más o menos éxito; a la caída en el vacío existencial del bien lleno de muchos males. 

Pues todo eso se evita al pasar a la clandestinidad del mundo visible… y otrora tangible, pérdida esta más sentida. Y te añades, consuelo final, que peor hubiera sido convertirse en la mujer barbuda o el hombre elefante. Pues eso.


sábado, 18 de abril de 2020

Nuestros muertos


Nuestros muertos

Santos Rejas Rodríguez


No entiendo, o quizás no quiera entender, el porqué de la disparidad de criterio en el conteo de muertos en la guerra que se está librando. Como en toda guerra hay, al menos, dos bandos y, como en toda contienda, se producen muertes en uno y otro. Es tradicional, aunque ahora mismo ignoro si hay excepciones, que a más muertes en un lado mayor victoria en el otro…

¿Es la razón de la sinrazón de lo que está pasando? ¿El conteo de muertos es mera estadística victoriosa? ¿Para quién? ¿Depende el número de muertos de la ‘ganancia’ política o económica de quienes aumenten o disminuyan el número de vencidos? ¿Se persiguen réditos políticos presentes y futuros?

Si así fuera, que me resisto a creerlo, diría que cuando se olvida el sentido humano, se ignora el dolor de la pérdida de vidas y los muertos se convierten en estadísticas, en armas arrojadizas, los que vamos superviviendo a esta guerra somos un conjunto de desalmados, en su acepción de sin alma, que merecemos ser parte de la estadística, de los que han muerto.



Tengo, como no, mi particular conteo de muertos. Los que en estos días mueren rodeados de sus seres queridos, cogidos de la mano, acompañados hasta su lugar de descanso eterno  e iniciado el duelo de la pérdida…y el resto. Ese resto que no ha tenido despedida y que estarán a la espera de que la guerra finalice para ser acompañados y llorados para su descanso y el de sus seres queridos supervivientes. Y no hay más bandos. Ni estadísticas. Ni desalmados.

Sí, ya he oído que hay instrucciones de organismos internacionales para contar a los muertos por el virus…pues que con ese criterio cuenten a sus muertos. Nosotros, a nuestros muertos, los contaremos como nos venga en gana, o sea, con humanidad.

lunes, 27 de enero de 2020

Correos


Correos: Aviso a usuarios… ordinarios

Santos Rejas Rodríguez


Hace pocos días leí que Correos vuelve a los beneficios, «el principal motor de crecimiento es la paquetería», asegura Manuel Serrano, presidente de Correos. Me alegra que una empresa tenga beneficios. Por el bien de quienes la conforman – en este caso de los empleados de correos- y siempre que redunde en los usuarios pero… en todos, no únicamente en aquellos que utilicen la paquetería.

Hace hoy trece días un residente en Zaragoza envió una  carta «ordinaria» a otro de Madrid. No ha llegado a su destino. El punto de origen aconsejó acercarse a la oficina del distrito de Madrid para preguntar: « Imposible buscar, rastrear, reclamar indemnizar…con una carta ordinaria no se puede hacer ninguna gestión», «Puede haberse perdido en algún punto del trayecto y sería como buscar una aguja en una pajar» y la guinda: « ¿sabe que hay miles de cartas ordinarias perdidas?».

Eso sí, la persona del envío, con más de ochenta años vividos, recibió un trato exquisito, fue provista de sobre adecuado (previo pago, por supuesto), consignada la dirección de destino e informada que tardaría cuatro día en llegar a su destino.

La oficina del previsible destino pleno de amabilidad, delicadeza y consejos: «los envíos mejor certificados, por paquete exprés…».
Siempre he asociado «ordinario» a orden…parece que la asociación no era correcta. Por cierto, el envío tuvo un costo de 5,50 euros, sobre aparte…





¿Soluciones?

Correos tendrá que buscar la que sea necesaria para« poner orden en lo ordinario»…incluso suprimir una modalidad de servicio que produce «miles de envíos perdidos». En el siglo XXI, que todo y todos, está bajo control, no puede andar por libre una carta que, para mayor inri, es «ordinaria».

El usuario afectado ya buscó la suya: Compró un nuevo libro (38 euros)  en sustitución del extraviado por el servicio de correos y lo recibió en casa al día siguiente...y sin gastos de envío. Por Amazon, claro.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Agua fría


Agua fría

Santos Rejas Rodríguez


Cuando un recuerdo brota de improviso y te pilla con la guardia baja, -o sin guardia alguna, lo que es peor- se humedecen los hondones y empapa hasta el alma.

Días pasados al abrir una caja que, en teoría, custodiaba negativos de fotografías de mis padres, escaparon de ella como si fuera la de Pandora, unos estuches de película rotulados «Santi Rejas», con mi letra de cuando yo era «Santi». Los acontecimientos suelen arracimarse. Casualidades, dirían hombres, y mujeres, de poca fe. Poco tiempo anterior a este acontecimiento un entrañable amigo me había «represtado» un escáner. Y sí, lo han adivinado: positivé los negativos.

Y allí estaba yo, en compañía de un amor que no ha tenido fecha de caducidad porque se trasmutó en imposible…



Vivir en el pasado, alimentarse de recuerdos, tiene tanto riesgo como el de aproximarse a un agujero negro: te engulle e impide continuar caminando la vida, aunque a veces lo sea a trompicones.

Salir de compras es el bálsamo de Fierabrás  de la sociedad de consumo que nos consume. Atempera soledades, reduce la ansiedad y mitiga penas. En falso, claro. Pero con un efecto inmediato salvífico. Desfibrilador.

No sé si por pulsión interna desconocida o porque mis hermanos están pateando el glaciar de Perito Moreno me decido a comprar una bufanda. Y con dos de ellas entre mis manos escuché la voz: «—Muy bonitas». La mujer me mira y sonríe. — ¿Cuál de ellas?, pregunto. «— ¿Para ti?». —Sí. 
Se acerca, dobla una y otra, las va poniendo bajo mi barbilla, mira…«—Esta me gusta más y te queda mejor». Y me explica, en español italianizado, la calidad del tejido y me encomienda que al lavarla lo haga a mano y con agua fría.

Me encamino hacia la Caja mientras ella, en unión de su pareja, continua las compras. Y pienso: ¿Porqué cuando una persona agradable, mujer, se cruza en el camino, y tiene unos ojos tan negros y profundos que si te adentras en ellos no podrías salir, siempre está acompañada? 

Pregunta retórica, claro, pero que me habría vuelto a conducir a un laberinto con salida en  nuevas compras de no ser porque, al girarme, la mujer de ojos negros y sonrisa contagiosa, al tiempo que dice adiós con su mano libre me recuerda: ¡Con agua fría, no te olvides!

Remedio que despierta un sonreír de adentro  y hace hueco para lo porvenir…

domingo, 17 de noviembre de 2019

De besos


De besos

Santos Rejas Rodríguez


Sus labios huérfanos de besos llamaron mi atención. Si la mirada hacia aquél rostro hubiera sido fugaz, al paso, la intranquilidad revestida de interrogaciones habría inundado la mañana y, a buen seguro, buena parte de esta tarde de domingo. Me preguntaría: ¿Serán labios no besados? ¿Nunca labios ajenos los han recorrido, aprisionado, acariciado? ¿Habrán sido sembrados con la semilla de la ternura? ¿Alimentados de amor?

Interrogantes que no tuvieron oportunidad de brotar porque, tras la barra circular de la cafetería que nos separaba, frente por frente, hallé respuestas. Su mirar a ninguna parte, quizás a su interior, permitió que la mía no fuera impertinente para escrutar su rostro con detenimiento.



Unas comisuras sin asomo de rictus ni amargura delimitaban su boca; el entrecejo carente de interrogantes y las mandíbulas relajadas evidenciaban la ausencia de desesperos inútiles. Y el «gracias», acompañado del destello de ojos, hicieron que sus labios esbozaran una sonrisa huérfana de besos del pasado...pero abiertos de esperanzas a los por venir.

Despejados mis interrogantes, apuré el vino de la copa y salí a caminar el frío de la mañana para rentabilizar la vacuna de la gripe.

martes, 15 de octubre de 2019

Acontecimientos encadenados


Acontecimientos encadenados


Santos Rejas Rodríguez


Hace años escribí por vez primera que hay acontecimientos que en ocasiones se arraciman. Un «no hay dos sin tres», o algo parecido. Surgen a capricho. Si los esperas al aguardo, como el cazador a su presa, se ocultan en sus madrigueras y pierdes lastimosamente el procesionar del día. Cuando menos lo esperas, como ha sucedido hoy, dos hechos sorprendentes se han concatenado y eclosionado a la par.

Al cortar el pan, una rebanada se ha caído al suelo. De modo mecánico la he recogido, besado e introducido en el tostador. Sin darme tiempo a procesar el hecho de haber besado al pan, rito olvidado desde la adolescencia, y como trueno que sigue al relámpago, mi voz principal interna, clara y alta, ha sentenciado: «en la vida tenías que haber sido gallero profesional», refiriéndose, sin duda, a mí mismo.

Si en mi formación académica  no hubiera estado incluido el estudio de las técnicas psicodinámicas, a buen seguro de que aquí hubiera finalizado el asunto. Pero los conocimientos que se adquieren no pueden obviarse. Así que, mientras mordisqueaba la tostada me pregunté: ¿habrá un mecanismo interno que explique estos aconteceres? ¿Una causa de las causas? ¿Un trauma de la infancia no resuelto?


Ignoro si el aroma del pan recién tostado o el del café recién hecho obraron de llave maestra. Lo cierto es que recordé que días antes se me metió en la cabeza, como mantra pegajoso, la canción de María Dolores Pradera en la que es protagonista don Luis Macarena, el coco (aunque trastoqué coco por cojo, sin ánimo de ofender). Resuelto el primer acertijo. El de gallero profesional, o sea…

Pero ¿y el beso al pan? Aquí debo de confesar que si no hubo intercesión divina estuvo al pie. Mis ojos se posaron en el taco del calendario que pende en la cocina, arranqué la hoja del día anterior y ¡eureka!, la respuesta: Santa Teresa. El santo que padres y hermanos celebrábamos como acontecimiento singular. El santo de Teresa, mi madre, la que siempre que se caía el pan, lo recogía y besaba. Rito que mantuvo mientras vivió.

Mientras depositaba los útiles del desayuno en el fregadero, decía: «madre, esto es lo que hay,  o sea, que te seguimos queriendo con la locura de siempre…y puede que yo no sea el peor». 

Y una lagrimilla se mezcló con la sonrisa del recuerdo.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

De olivos, sus aceitunas y otros frutos


De olivos, sus aceitunas y otros frutos

Santos Rejas Rodríguez

«Caminante no hay camino, se hace camino al andar», dice una letra antigua, anterior a las calzadas que pusieron los romanos ya que desde ese momento hicieron posible transitar menos penosamente.

Cuestión aparte es el transcurso del tiempo. Ese sí que lleva a vivir lo novedoso, emocionante, insospechado y…equivocado. Hay momentos en el caminar la vida, corte sincrónico lo llaman los lingüistas o historiadores, que lo vivido te parece correcto, ético, ajustado al sentir social y moralmente no reprochable. La equivocación te la ponen de relieve más adelante, en otro corte de vida. Y entonces, despiadadamente, aquellos que han sido iluminados por la verdad, te lo restriegan por la propia cara estando tu presente y te hacen ver lo inadecuado de la conducta de antaño…que, incluso, rozaba lo criminal.

Y voy al ejemplo del hecho que me aqueja. Siendo yo niño, mi padre, para hacerme vivir la dureza de las labores del campo, me llevó a la recogida de aceituna. Allí, mezclado con los olivareros y él mismo, fui testigo del vareo, meneo y ordeño de los olivos con el fin de despojarlos del fruto de sus preñadas ramas. Participé, lo confieso, en algún vapuleo y ordeño. Con desgana, sí, pero fui connivente.



Entonces no era consciente, ni quizás lo fueran quienes acolitaba, que estaba violentando a unos organismos vivos, sufrientes y sufridos. Yo era un niño de los de entonces, si hubiera sido de los de ahora habría dicho que fuera a la recogida de aceitunas su puñetera madre, y no solo por la violencia ejercida, sino por aquellos fríos de las madrugadas de noviembre que te congelaban desde las manos hasta el forro de los huevos, con perdón.

Me arrepiento, con contrición, o sea con el propósito, firme, de que en adelante las aceitunas, sevillanas o aragonesas, en el plato, con un buen vino fino o del Vero…y donadas voluntariamente por sus progenitores. Los olivos.

Tibi gratias ago Deo por hacer consciente mi inconsciencia de aquellos tiempos o, como leí no sé dónde: «El tiempo pone a cada bala en su sien».

Pd. Una curiosidad, aceituneros altivos, ¿De quienes son los olivos? ¿Y las aceitunas?

sábado, 27 de julio de 2019

Tarde de verano


Tarde de verano

Santos Rejas Rodríguez


¿Los adolescentes de hoy se ponen nerviosos y expectantes cuando tienen una cita? ¿La ansiedad invade su espacio mental sin piedad ni tregua? ¿La impaciencia va conquistando terreno poquito a poco  como un Napoleón invasor? Me refiero, claro está, a  un encuentro con quien ha despertado un interés especial que hace única a la persona de la cita.

El recuerdo de las horas que mediaban hasta  culminar mi cita quinceañera aun levantan ampollas…virtuales ahora, sí, pero no por eso dejo de sentir un estremecer agridulce en los hondones, reflejo de la carne viva de entonces. ¡Ay, adolescencia! Me refiero a aquella. Ahora no lo sé, y de ahí mis interrogantes iniciales.




¿Se pierde la capacidad de soñar tras la adolescencia? ¿Se adormecen ilusiones cuando se crece en años? ¿Es el resultado por haber dejado de alimentar al alma, o como se llame el órgano del sentir,  con sueños e ilusiones?

Puede, me digo,  que sin una ilusión, sin un «pellizco» en los interiores, sin ingenuas mariposas revoloteando por espacios indetectable a resonancias ni rayos x, se puede vivir pero ¿existir?

…Pues eso, que el largo y cálido verano, como en aquellos entonces, puede que siga abriendo puertas a encuentros que hacen olvidar los calores del día y soñar amaneceres.

lunes, 18 de febrero de 2019

Caducidad

Caducidad

Santos Rejas Rodríguez


El aroma de vela apagada al soplo llega hasta mí.

Tras un largo periodo de ausencia, y motivado sin duda por el anuncio de inminentes lluvias, me he decidido a ocupar una mesa soleada. La terraza, semivacía a esta hora, se extiende bajo unos pinos centenarios cuyas copas atenúan los rayos solares al tiempo que dan refugio a aves cagonas que pueden arruinar la placidez del momento. Es el precio a pagar, y lo asumo.
En este escenario suelo aislarme del entorno ensimismado en un no sé qué interno pese a que en lo externo me ocupo de una lectura sobre Praga y sus lobos de allá por los albores de la guerra de los treinta años. En un momento inconcreto,  como al descuido, se cuela hasta mí «el aroma de vela apagada al soplo».
Llevo la copa hasta los labios para, escudado tras ella, mirar en rededor. Una mujer ha ocupado la mesa próxima. Demoro el beber para hacer durar el mirar. ¿Será ella quien desprende el olor a cera quemada? Sin darme tiempo a responder, pese a estar tan próximo a mí mismo, me llega la frase que ella acaba de musitar a su teléfono móvil, muro de lamentaciones universal: «Me ha dejado de querer. Y se ha ido…».


 Abandono la terraza. No tengo la menor duda de que la mujer es la vela que desprende el aroma a pabilo humeante, a candela apagada al soplo de aire frío.

El amor, el querer ¿tiene fecha de caducidad?  ¿Genérica o individual? ¿Se deja de querer, de amar, para siempre? ¿Puede repararse?  Y en ese caso ¿Será muy costosa la reparación? ¿O queda inservible como un microondas o una nevera? ¿Y el dejado de querer,  puede seguir viviendo sin ser querido?
Al llegar a casa me doy cuenta que con tanto interrogante he olvidado comprar el pan. Sniff.

viernes, 8 de febrero de 2019

Decisiones


Decisiones de amor…

Santos Rejas Rodríguez


Hace unos días, y contra todo pronóstico, murió Isabel. Y escribo contra todo pronóstico porque se hizo merecedora de la inmortalidad tras hacer frente a una viudedad temprana y el cargo de una prole numerosa a la que fue sacando,  sin descanso ni desfallecimiento, a dentelladas en ocasiones, a todos y cada uno de sus componentes de la nada al esplendor de la vida.

En la puerta hacia la eternidad, en la soledad del habitáculo aséptico, haciendo gala una vez más de su entrañable tozudez, de no doblegarse a voluntades ajenas, hurtó sus últimos alientos a aquellos que dijeron saber el día y hora del apagón de la pila de su vida.

Porque ella había decidido que el suspiro final fuera coincidente con el parir, años atrás, a una de sus hijas, a Maribel, mi hermana del alma, para que así guardara el recuerdo de que su madre la acompañó en ese día, y ya por siempre, en esa fecha señalada de amor, de protección y porque no decirlo, de supervisión, estaría presente.

La vida, ese parir lleno de amor y esperanza de que se siga insuflando y extendiendo hasta el infinito… y más allá.




Adiós Isabel, hasta el reencuentro en la eternidad de la que procedemos y a la que retornamos tras caminar la vida, a la carrera unas veces, a trompicones otras y, en ocasiones,  como si no hubiera un mañana…que lo hay.

martes, 25 de diciembre de 2018

Ausencias


Ausencias…

Santos Rejas Rodríguez


No echo de menos nada en concreto, sino tu compañía.
La de cualquier momento que tenga tu presencia.
No reconozco otra. Ninguna otra voz me aturde ni me sobrecoge.
Echo de menos tu mano, la calidez de esa mano que aprisiona mis dedos.
A ti, que eres el artífice de mi emoción.
Esta mente vacía que ahora escribe, que no reconoce el rumbo sino el del sentimiento, no habla ni aprisiona palabras porque solo razona con el fulgor del beso.
Te echo de menos.
Intensamente.
 Como si sin ti no fuera nadie o fuera poca cosa.
Te echo de menos.
Amablemente se suceden las cosas que recuerdo de tu cercanía y tiemblo tan solo al pensar en el roce de tu mano.
Quiero tu querer.
Quiero esa muerte dulce en la que caía al coger entre tus manos mi cara.
¿Qué más esclavitud? ¿Qué hechizo?
Estoy rodeado de tu halo y no sé vivir sin ti, (El sol no brilla…).


Ya no sé si sé caminar solo; voy cogido de tu mano en todas partes.
Deseo tu mano.
Tu mano me agarra y me posee.
De ella voy tranquilo.
(Navidad… ¡Me cuesta tanto olvidarte!)

viernes, 14 de diciembre de 2018

La carne, el espíritu y los renos


La carne, el espíritu y los renos

Santos Rejas Rodríguez


«—Generosidad, porfa, que siempre sueles ganar tú» es el ruego con el que el espíritu acaba por ganar la partida a la carne, me hace embutir las zapatillas en los pies y marchar al gimnasio.

La cena de la noche precedente ha estado cuajada de risas liberadoras de congojas contenidas y de sentires solidarios con dolores y miedos ajenos. Ha cumplido, pues, su fin terapéutico. Ahora es preciso purificar la carne, el cuerpo, de los excesos del comer y beber. El ejercicio moderado se impone.

Caminar a ninguna parte en la cinta sin fin, constreñir y dilatar abductores, elevar pesas sin conocimiento y empecinarse en hacer flexiones hasta balbucear a duras penas «—la madre que me parió…no puedo más» van expulsando los azúcares, grasas, hidratos, alcoholes…de aquellas chistorras, carrilleras, bacalaos, vinos, fantas y…aquí mi componente carnal se planta: — ¡el vodka ni tocarlo! ¡Se queda de recuerdo! Y se quedó.

El sol brilla a la salida. Las hojas se arremolinan y festejan con revoloteo alegre su liberación del árbol que, bajo el pretexto de alimentarlas, las ha tenido cautivas…—Ves, ha merecido la pena, musita el espíritu. —Calla, calla, son las endorfinas quienes hablan por mí. —Ya verás, continúa inmisericorde la carne, —cómo un patinete, invisible y cabrón, arruina el esfuerzo o una inocente criatura, zapateando un charco, te pone de agua hasta los sobacos y…

Haciendo oídos sordos a la confrontación entre carne y espíritu, como si presidente de gobierno fuera, pongo ante mí un té rojo y comienzo a repasar los titulares de las noticias de la semana pasada que, como suelen ser negativas pero pasadas, no me intranquilizan.


 Y de repente, leo: «una maestra es despedida por revelar a sus alumnos de seis años quien es de verdad Papá Noel» que arrasa la cosecha de neurotransmisores. No da más pistas ni añade otros datos que me lleve a saber: — ¿y quién es él? ¿Y dónde vive? Para poder preguntarle: ¿Por qué nunca me trajiste lo que pedía? ¿Por qué se meaban tus renos en el árbol? Interrogantes que me tienen en un sin vivir y me cuestan una pasta en interminable psicoanálisis.

Un: — ¡Te lo dije! resuena en lo interno. —Haber dejado el cuerpo en la cama y al espíritu vagando sueños! ¡So pringao! 

Pues eso…

(Cena navideña IOB 2018)

domingo, 21 de octubre de 2018

Huecos


HUECOS

Santos Rejas Rodríguez
 


«Hay que extraerla». Ni parpadeo, ni atisbo de duda. Inmisericorde. Sentencia  inapelable tras juicio sumario y rápido. Ni siquiera preguntar si la parte afectada prestaba conformidad…
Agradecí, eso sí, que hubiera empleado el término «extraer», en lugar del reciente al uso «excarcelar»,  para referirse a la acción que de inmediato llevaría a cabo, verbi gracia, desubicar una de mis muelas de su lugar en la encía. En concreto del juicio. La inferior a la izquierda del actor, yo; y a la derecha del estomatólogo, único espectador.

Al tiempo que inyectaba la anestesia con profesionalidad, o sea sin piedad alguna, me explicaba los efectos perniciosos que acarrean estas muelas infectadas. No detallo el relato por no «acongojar» a aprensivos ni proporcionar disfrute a morbosos.

Debo manifestar que, en el fondo, la decisión tomada por el facultativo me alegró. El dolor generado por la muela afectada me había acompañado todo un largo fin de semana apenas mitigado por anestésicos y antibióticos. Que mano ajena pusiera  fin a una relación tóxica me satisfizo…



Han pasado unos días desde la separación. Extinguido el dolor, la infección y el malestar, ha quedado el hueco. Y ese hueco me ha traído recuerdos de la extraditada: De su nacimiento, allá por la adolescencia,  luego vendrían tres más, pero esta era «la primera». De la ilusión de su crecer: era la del «juicio». De su acompañar silencioso, año tras año, sin una queja si no la prestaba atención en la limpieza; sin una protesta al anegarle de líquidos ácidos o dulces, ardientes o helados…

Y el sentimiento de su pérdida para siempre, porque una muela del juicio no se reemplaza, y si es la «primera» menos aún, hizo que «una furtiva lágrima», interna pero lágrima,  brotara de ese lugar donde residen las lágrimas que tapan los huecos de ausencia. Los de muelas y los otros. Pues eso…que perder un juicio, da dolor 

viernes, 14 de septiembre de 2018

Silencios y reencuentros


Silencios y reencuentros

Santos Rejas Rodríguez

Aprovecho la bonanza del día y una terraza bajo arbolado, solitaria, para corregir, repasar y mutilar el primer borrador de mi próxima novela a editar…Dios mediante.

Hay silencios que resuenan como aldaba repicando en puerta de fortaleza. Ignoro el tiempo que hace que una pareja ha ocupado la mesa cercana. No recuerdo haberlos visto llegar. Sin duda la concentración en mi tarea me tuvo protegido hasta el momento en que he sido consciente del silencio. «Su silencio», que ha oficiado de picaporte para abrir la puerta de mi atención hacia ellos.




Él, embebido en un grueso libro, quizás científico. Ella, perdiendo la mirada entre racimos de hojas a quienes llegó su fecha de caducidad. Ella, sin duda apercibida de mi atención, musita a Él un — ¿Qué tal? de tímida aldabilla. Tras pausa interminable, un: «—Bueno…», condescendiente, brota de la boca de Él. Animada por la respuesta, Ella insiste: — ¿Interesante? Y otro « —Bueno…», desganado y de punto final, cercena el diálogo.

La mirada de Ella, de camino a sus hojarascas, se cruza fugazmente con la mía…Y del color de sus ojos, del esbozo de su efímera sonrisa, brota el recuerdo de un perdido amor de adolescente, perdido y reencontrado, que me inunda de dulce melancolía.

Mientras abandono mi mesa una vocecilla interna, la de lo hondo, inquiere a una Ella del pasado sin retorno: « — ¿Qué tal te va con el tío ese?/Espero sea divertido…».

Y con mi novela bajo el brazo me alejo recordando «las risas que nos hacíamos antes».

(Y el verano va atemperando sus calores…menos mal)

sábado, 18 de agosto de 2018

Caminando el verano


Caminando el verano

Santos Rejas Rodríguez


Hay ocasiones que el tiempo late con lentitud. Cuesta trabajo distinguir al día de hoy del de ayer. La rutina se asienta en el caminar de la vida porque, quizás, se ha hecho de quieto… o puede que se haya disfrazado con la espera del autoengaño, la del ˂˂hoy no vendrá, pero mañana sí˃˃, que se decían Vladimir y Estragón cuando, inútilmente, aguardaban a su Godot.



En otros momentos, en mañanas de verano aún templadas, contemplando el deambular tranquilo de paseantes ociosos,  brota con cautela la esperanza de que en cualquier momento, en cualquier lugar, un cruce de miradas, la sonrisa compartida, la caricia fugaz, la mano en la mano o el pellizco en lo hondo mitigue el quejido del ˂˂¡Qué horror, no pasa nada!˃˃…

Y en esos trajines andaba cuando, en el banco contiguo a la mesa de terraza que ocupo, un hombre le dice a otro: ¡Sé que me has dicho tu nombre, pero lo he olvidado! Y el aludido, tras una pausa larga como la mañana, responde: ¿Te he dicho mi nombre…? ¡Pues no lo recuerdo!
Sin apagarse el eco de la conversación me levanto y sigo caminando el verano. La espera para conocer el final no me tienta. El día empieza a calentar.

viernes, 10 de agosto de 2018

Yo acerco, tú acercas...


Yo acerco, tú acercas…

Santos Rejas Rodríguez


En materia de terrorismo la política penitenciaria ha recibido el consenso de los dos partidos en la alternancia de gobierno: PSOE y PP/PP y PSOE, salvo algún caso muy puntual que ahora mismo no recuerdo. Dentro de esta política, y connivencia, se enmarca la dispersión o acercamiento de los terroristas etarras.

Con el cambio abrupto de gobierno, pasando de las manos del partido popular al socialista, da la impresión que se ha roto la complicidad. El rechazo del PP al acercamiento de dos terroristas a  prisiones cercanas a sus lugares de origen familiar así lo manifiesta.

La historia cercana, casi de ayer, pone de relieve que las competencias para dar el visto bueno a las progresiones de grado, traslados y demás vicisitudes que afectan al cumplimiento de las penas de este colectivo, residía en la Subdirección General de Tratamiento y Gestión Penitenciaria, suprimida por RD 952/2018, de 27 de julio.

El citado Real Decreto, a la vez que suprime la mencionada Subdirección, crea la Dirección General de Ejecución Penal y Reinserción Social, a quien se le atribuye las competencias de la extinta y, bajo sus directrices, recibe el apoyo de la SG de Medio Abierto y de Penas y Medidas Alternativas.

A estas alturas de la vida, la mía, y tras un dilatado paso por la administración, no creo en el buenismo ni mucho menos en el reconocimiento del buen hacer funcionarial para justificar que, precisamente, quien tenía competencias en la administración popular con respecto a las progresiones o no de grado de etarras, sus traslados con o sin acercamiento y demás vicisitudes en la suprimida SG, haya sido aupado a la dirección general creada…si a esta circunstancia se le añade que al frente de la SG de su más íntimo apoyo continúa como titular quien la desempeñaba también con el PP…blanco y en botella. 



El continuismo del «Yo acerco, Tú acercas, Nosotros acercamos…y Ello se acercan», está servido. La complicidad y connivencia en esta materia, también

¿Qué desde las filas del PP hay que mostrar desacuerdo? Siempre es precisa una gatera por la que intentar salvar algún mueble. Pero mal van a tenerlo los diputados populares a la hora de hacer  preguntas al Director General, si es que lo hacen comparecer ante ellos, para no meterse en los charcos que ocasionaron las lluvias en los seis últimos años…

Moraleja: Los votos necesarios para aprobar unos presupuestos o para ganar una moción de censura, si han tenido un costo, hacen preciso pasar por caja.  Pues eso.

(Con estos calores se me ha puesto un pensar «rubalcabiano» que espero atempere con la bajada de temperaturas).

martes, 7 de agosto de 2018

¡Qué calores...!


¡Qué calores…!

Santos Rejas Rodríguez

Los meses posteriores al nacimiento de mi hijo mayor fueron de un sindormir noche sí y otra también. Bien por desconocer los ciclos circadianos, por hambruna o condición intrínseca, desde el anochecer hasta bien entrada la luz del día, la criaturita gritaba, reía, gemía o lloraba. En ocasiones todo a un tiempo.

La moda de «culpa del TDAH» no estaba en boga. El pediatra, sensato él, aparte de aconsejar paciencia, me animó a entretener la vela estudiando ‘otra carrerita’… tampoco se cursaban másteres en el ayer.

Aprendí métodos y estrategias para entretener las vigilias. Entre ellas la de pensar. Es la que he puesto en práctica la noche pasada para sobrevivir a la calorina.



La estrategia del pensar, en profundidad y analíticamente, no es cuestión baladí ni puede dejarse al albur como, por ejemplo, en el psicoanálisis. No. Es preciso elaborar un listado de temas, evaluarlos y decidirse por el de mayor enjundia y/o atractivo. Eso hice listando los asuntos que en este momento más nos preocupan a todos los españoles.

 Tras escasas dudas, mi interés se decantó por el tema de mayor relevancia en estos días: la extracción de los restos de Franco de su valle. Y funcionó. Sin ni siquiera tocar fondo, lo del pensar en el asunto fue bajando mi temperatura hasta dejarme frío.

Pero lo que son las cosas de la mente humana y de la asociación de ideas. Cuando comenzó el nirvana a invadir mi cuerpo, y coincidiendo con un espasmo  mioclónico, precursor del sueño, levitó en mi mente Santa Teresa. Y me dije ¿se podría elaborar ungüento de su brazo incorrupto para untar con él a los de la clase política? ¿A toda?

Por aquello de que vacunar es prevenir. ¿O no?

 (Esperemos que vaya remitiendo el calor)

sábado, 28 de julio de 2018

Preguntas sin respuestas


Pregunta sin respuesta

Santos Rejas Rodríguez


«El asesino suele regresar al escenario del crimen». El dicho vino a mi mente cuando decidí adentrarme en el mirador al mar en el que meses antes dos hombres ocupaba la primera línea de miradas.

En aquella ocasión, verano también y probablemente julio, llamó mi atención su hablar pausado, de silencios entrecortados; la botella de vino blanco más que mediada, pese a la temprana hora de la mañana y su aroma nórdico, a vikingos viejos o marineros de aguas insondables.

Al adentrarme hoy en el lugar mis pasos se detienen en seco. El potente frenazo lo motiva el escenario: ¡Siguen ahí! ¡Son ellos! Y los recuerdos se abalanzan en tropel. El día que marché del mirador, la camarera estaba posando en su mesa un barreño con botellas de cerveza inmersas en minúsculos icebergs y una fuente de lonchas de jamón…¡en este preciso instante es la escena que se desarrolla ante mis ojos!

¿Con mi marcha se detuvo la acción? ¿Se ha reanudado con mi presencia? ¿Es fruto de la casualidad… en la que no creo?

Cuando mis dedos, con disimulo, se disponen a pellizcar una zona sensible de mi cuerpo para cerciorarme de que no estoy soñando, la voz inconfundible de Françoise me cala hasta los huesos: « les yeux dans ses yeux et la main dans sa main…».




La música, la voz soñada de Hardy, la desgarradora letra de amor; de desesperanza, incertidumbre, tristeza, su «ir sola por las calles, con el alma en pena, mientras chicos y chicas van de la mano» y la pregunta de adolescente, trasmutada al hoy de adulto, de cuándo llegará el día que «j’aurai le cœur heureux sans peur du lendemain», asola mi alma e, incapaz de responder a lo de para cuando el corazón feliz y el futuro ausente de temores, para cuando unos ojos en los ojos, una mano en la mano...huyo por donde he venido.

Mientras me alejo, la vocecilla interior, tan impertinente, repite en mantra: «Mala cosa lo del volver».
(Las cosas que tiene el verano. El calor y tal…)

sábado, 2 de junio de 2018

¿Era para esto? Creo que no


¿Era para esto? Creo que no.

Santos Rejas Rodríguez


Antes de adentrarme en el charco cuya profundidad intuyo, dado que estamos en un país democrático, y con libertad de expresión, pero que si opinas de modo diferente a quien te lee o escucha corres el riesgo de ser tachado de «facha», «rojo» o término similar que denota la riqueza de lenguaje de quien emite el vocablo –democracia, libertad de expresión y capacidad, no tienen porqué ir de la mano- quiero reseñar aquí y ahora, para evitar elucubraciones y facilitar epítetos, que tras mi marcha del CDS siguiendo a Suárez me sentí cómodo en IU hasta la fagocitosis por Podemos. Mi voto desde entonces  está huérfano.

Dicho lo anterior, y si alguien es de ofensa fácil, y aunque no sea la pretensión de lo que sigue, que no continúe leyendo la motivación al «Creo que no» en respuesta al interrogante « ¿Era para esto?».
Y creo que no, porque cada vez que he emitido mi voto ha sido a «favor de». A favor de una opción. De la opción más en consonancia con mi sentir social. Con las inclinaciones hacia políticas económicas, educativas, sanitarias, de igualdad… más acorde con mi sentir. Nunca he pretendido que mi voto sea utilizado como arma arrojadiza, ni «en contra de». Siempre a favor. No he sido partidario de hacer políticas para «echar» sino para «conquistar», para alcanzar la gobernabilidad por los votos de mis afines.

La moción de censura es un instrumento constitucional para circunstancias excepcionales con la que estoy de acuerdo, faltaría más. Pero si prospera, como ha sido el caso, es imprescindible regresar a la casilla de salida democrática, a las urnas, a dar la palabra a los ciudadanos para que ellos, nosotros, todos, marquemos el camino a seguir por nuestros representantes. Y sin demoras personales ni partidistas. Si no se procede de este modo el resultado de la moción de censura, su finalidad,  se falsifica y prostituye.


Se falsifica porque de la unión de políticas tan contrapuestas para su logro, tan en las antípodas de las que por separado optaron sus respectivos votantes, ha emergido un ser que no lo reconocería ni la madre que lo parió.
Se prostituye porque quienes votaron unas políticas sociales determinadas no pueden reconocerse en un gobierno que no solamente renuncia a ellas, sino que cohabita con las de su oponente previo pago de unos presupuestos generales que hacen chirriar los ejes de la carreta.

¿Mal menor, que dicen algunos? Quizás, por formación o deformación profesional, no soy partidario de males. Cuando a un ser humano se le informa que se le ha detectado un tumor…pequeñito, en su interior solo resuena un «tengo cáncer». Ni pequeñito ni grande: ¡Cáncer!